Entre 2023 y 2024 se embargaron 3,22 millones de vehículos en EE. UU., frente a los 2,43 millones del periodo 2020-2021. Solo en 2024 se registraron 1,73 millones de reposiciones, la cifra más alta desde 2009, según Cox Automotive. Además, datos de Edmunds revelan que el conductor medio que entrega su coche debe 7.214 dólares más de lo que vale, y más de un 25% arrastra deudas superiores a 10.000 dólares. No son simples estadísticas: son millones de familias perdiendo su medio de transporte en la peor crisis de embargos desde 1994.
Más del 20% de los préstamos para coches nuevos ya se extienden a 84 meses, siete años financiando un activo que se deprecia cada día. La cuota media mensual alcanzó los 772 dólares a finales de 2025, con uno de cada cinco compradores pagando más de 1.000 dólares al mes. Cuando el cliente queda “underwater” —debiendo más de lo que vale el coche— no puede refinanciar ni vender sin arrastrar deuda. El sistema está diseñado para estirar el crédito al máximo, aunque el riesgo se acumule bajo la superficie.
El dato más revelador fue este: mientras las ventas de coches caían un 8%, la división financiera de CarMax incrementaba sus ingresos un 9%. Es decir, el negocio dejó de depender de vender vehículos y pasó a depender de financiarlos. El problema es estructural: según Fitch Ratings, los impagos están en su nivel más alto desde 1994. CarMax se convirtió en una entidad de crédito que vende coches, y cuando los clientes dejan de pagar, todo el modelo se tambalea.
Para el tercer trimestre fiscal de 2026, la situación era crítica: ventas minoristas cayendo un 8%, tiendas comparables bajando un 9% y el beneficio bruto desplomándose un 12,9% hasta 590 millones. El beneficio por acción pasó de 0,81 a 0,43 dólares, una caída del 47%. La compañía anunció recortes por 150 millones y los inversores respondieron con una demanda por fraude, alegando que la empresa conocía el deterioro desde mediados de 2025. El relato del “bache temporal” dejó de ser creíble y la salida del CEO fue inevitable.
En abril de 2025, el entonces CEO Bill Nash transmitía confianza total: ventas al alza un 6,2%, beneficio bruto creciendo un 13,9% hasta 667,9 millones de dólares y acciones por encima de los 80 dólares. Sobre el papel, todo funcionaba. Wall Street compró el relato del “momentum continuo”, pero el mercado del automóvil —como bien sabemos quienes seguimos su evolución tecnológica y financiera, desde la electrificación hasta la Fórmula 1— no perdona lecturas superficiales. Meses después, todos esos indicadores se dieron la vuelta con una violencia inesperada.
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