La política arancelaria de Estados Unidos sobre los automóviles importados cambió respecto al escenario inicial de 2025. El Gobierno estadounidense había establecido un arancel del 25% para los vehículos importados, pero el acuerdo alcanzado posteriormente con la Unión Europea redujo la carga aplicada a los coches y componentes europeos al 15% como tasa combinada máxima. Esta modificación tiene efectos desde el 1 de agosto de 2025.
La manera más sencilla de entender el impacto es aplicar el 15% al valor sujeto a derechos aduaneros. Sobre un automóvil con un valor de 50.000 dólares, el arancel equivaldría a 7.500 dólares. Eso no significa automáticamente que el concesionario vaya a aumentar exactamente 7.500 dólares el precio de venta, porque existen otros costes, márgenes y estrategias comerciales.
El arancel es un impuesto aplicado a la importación, por lo que inicialmente recae sobre el importador y no aparece simplemente como una tasa que el cliente paga al comprar el coche. Sin embargo, el coste puede trasladarse total o parcialmente al precio del vehículo, dependiendo de cómo responda cada fabricante y de la situación del mercado estadounidense.
El 15% es una tasa combinada, no necesariamente un 15% adicional que se suma a otro 15%. La normativa estadounidense establece que, para los automóviles de la Unión Europea con un arancel MFN inferior al 15%, la combinación entre el arancel ordinario y el aplicado bajo la Sección 232 alcanza el 15%. Si el arancel MFN ya es igual o superior al 15%, no se añade otro arancel de la Sección 232.
En los modelos de precio elevado, incluso un porcentaje relativamente moderado representa una cantidad considerable. Por ejemplo, sobre un automóvil europeo valorado en 80.000 dólares, un 15% representa 12.000 dólares de derechos sobre el valor sujeto al arancel. En uno de 100.000 dólares, serían 15.000 dólares. Son cálculos del impacto arancelario, no una predicción del precio final en el concesionario.
El impacto no es idéntico para todas las marcas. Los fabricantes pueden combinar diferentes estrategias: absorber una parte del coste, modificar precios, ajustar equipamiento, negociar con proveedores o modificar la procedencia de determinados vehículos y componentes. BMW, por ejemplo, informó sobre el efecto financiero de los aranceles y sobre la diferencia entre el 27,5% que llegó a pagar inicialmente y el nuevo 15%.
No todos los vehículos de una marca europea vendidos en Estados Unidos son necesariamente importados desde Europa. Algunos fabricantes tienen plantas de producción dentro de Estados Unidos, por lo que los vehículos ensamblados allí no afrontan el mismo arancel de importación que un automóvil terminado enviado desde Alemania, Italia, España u otro país europeo. La procedencia concreta del vehículo resulta fundamental para calcular su exposición.
La cuestión no se limita al automóvil completo. Estados Unidos también aplica medidas arancelarias sobre determinados componentes de automóviles, aunque existen mecanismos específicos y tratamientos diferentes según su origen y clasificación. Esto puede aumentar los costes de producción y reparación incluso cuando el vehículo final no haya sido completamente fabricado en Europa.
Por eso, afirmar que un coche europeo subirá automáticamente un 15% en los concesionarios estadounidenses sería incorrecto. El 15% corresponde al régimen arancelario aplicable a las importaciones europeas, mientras que el precio final depende también del fabricante, el importador, el concesionario, el margen comercial, el tipo de vehículo y su lugar de fabricación. El acuerdo UE-Estados Unidos estableció precisamente ese techo arancelario del 15% para los automóviles y sus componentes europeos.
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