Cuando el primer Range Rover apareció en 1970, revolucionó el concepto de vehículo de lujo al combinar el confort propio de un automóvil premium con unas capacidades todoterreno que permitían abandonar el asfalto. Con el tiempo, además, se convirtió en un auténtico símbolo de estatus.
Ahora llega una nueva transformación, pero esta vez se produce principalmente bajo la carrocería. El primer Range Rover 100% eléctrico busca llevar el refinamiento del modelo a un nuevo nivel, especialmente gracias a una marcha extremadamente silenciosa.
El nuevo Range Rover eléctrico no sustituye inicialmente a toda la gama. Se incorpora a una oferta que ya incluye motores de combustión, sistemas mild hybrid y versiones híbridas enchufables.
Además, los clientes que busquen una configuración todavía más exclusiva pueden optar por la First Edition, aunque su producción estará limitada a 2.500 unidades para todo el mundo. Los pedidos de la versión eléctrica ya están disponibles.
Visualmente, los cambios respecto a los Range Rover convencionales son muy discretos. El modelo eléctrico incorpora un frontal más cerrado, nuevas llantas y revestimientos aerodinámicos en los bajos, elementos que permanecen prácticamente ocultos a simple vista.
Inicialmente se ofrecerá únicamente con la carrocería corta, que mide 5,05 metros de longitud y dispone de cinco plazas. Más adelante llegará la versión larga, de 5,25 metros y hasta siete asientos, ampliando todavía más las posibilidades del SUV británico.
El desarrollo del Range Rover eléctrico ha dado lugar a cerca de 300 patentes, entre ellas un avanzado sistema inteligente de gestión térmica. Su función es controlar diferentes elementos para mejorar el funcionamiento del vehículo en distintas condiciones.
Según la marca, esta tecnología puede aportar hasta 40 kilómetros adicionales de autonomía, además de optimizar la velocidad de carga, prolongar la vida útil de la batería y mantener las prestaciones cuando las temperaturas son extremas. El consumo energético destinado a la calefacción también se ha reducido en un 40%.
Range Rover no ha buscado cifras de potencia desorbitadas con su nuevo eléctrico. La gama contempla configuraciones de 449 y 550 CV, consideradas suficientes para mover con soltura un SUV que alcanza aproximadamente 2,8 toneladas de peso.
La autonomía anunciada llega hasta 600 kilómetros, una cifra que permite utilizar el Range Rover eléctrico tanto en desplazamientos diarios como en viajes de larga distancia sin renunciar a las prestaciones esperadas de un modelo de este tamaño.
La llegada de la propulsión eléctrica apenas modifica una de las características históricas del Range Rover: su capacidad para enfrentarse a terrenos complicados. La arquitectura eléctrica permite disponer de tracción integral con respuesta instantánea, aprovechando el control independiente de la entrega de potencia.
De esta manera, la electrificación no se limita a mejorar el silencio y el refinamiento del SUV, sino que también mantiene el enfoque todoterreno que ha acompañado al Range Rover desde sus orígenes.
Entre las tecnologías de asistencia destaca el sistema Single Pedal, que permite conducir utilizando prácticamente solo el pedal del acelerador. La gestión de la entrega de potencia y la deceleración busca proporcionar un control especialmente preciso en situaciones donde la suavidad resulta fundamental.
Esta tecnología permite realizar arranques suaves en pendientes de hasta 33 grados y afrontar ascensos en movimiento de hasta 45 grados, unas cifras que muestran cómo Range Rover ha intentado combinar la conducción eléctrica con las exigencias del todoterreno.
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