Las pickup modernas han crecido considerablemente y pueden resultar difíciles de manejar en aparcamientos, calles estrechas o barrios antiguos. Su gran longitud y anchura complican las maniobras, reducen el espacio disponible para otros vehículos y, en ocasiones, dificultan incluso abrir las puertas de los coches aparcados a su lado.
Los grandes motores, el elevado peso y la aerodinámica menos eficiente hacen que muchas camionetas consuman bastante más combustible que un turismo o un SUV. Para quienes apenas utilizan la caja de carga o nunca remolcan, ese gasto adicional puede parecer innecesario tanto por motivos económicos como medioambientales.
Al contar con una posición de conducción más elevada, los faros de muchas pickup iluminan directamente los retrovisores y las ventanillas de los coches más bajos. Si además incorporan luces LED muy potentes o bombillas modificadas, conducir de noche detrás o delante de una camioneta puede convertirse en una experiencia bastante incómoda.
Uno de los argumentos más repetidos por sus detractores es que muchas pickup nunca transportan cargas importantes. Cuando el vehículo se utiliza únicamente para desplazamientos diarios, hacer la compra o llevar a los niños al colegio, algunos consideran que un SUV o un turismo cumplirían la misma función con mayor eficiencia.
Las dimensiones de una pickup dificultan el acceso a garajes subterráneos, plazas estrechas y centros comerciales muy concurridos. Además, su larga distancia entre ejes obliga a realizar más maniobras, mientras que otros conductores pueden sentirse incómodos al aparcar junto a un vehículo tan voluminoso.
Los capós altos y de gran tamaño presentes en muchas camionetas modernas crean importantes ángulos muertos justo delante del vehículo. Aunque las cámaras, sensores y asistentes de conducción ayudan a minimizar este problema, siguen existiendo preocupaciones por la dificultad para detectar niños, mascotas, bicicletas u otros obstáculos bajos.
Ver una pickup de gran tamaño ocupando todo el retrovisor puede generar una sensación de presión incluso entre conductores experimentados. Esa percepción aumenta cuando el vehículo circula demasiado cerca, cambia de carril de forma agresiva o aprovecha su tamaño para imponerse en el tráfico.
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