El Shelby GT350 llevó al Ford Mustang a un nivel completamente nuevo gracias a una puesta a punto inspirada en la competición, un comportamiento dinámico sobresaliente y una producción muy limitada. Su estrecha relación con el automovilismo lo ha convertido en uno de los muscle cars más codiciados por los coleccionistas y en una referencia absoluta entre los deportivos estadounidenses.
Aunque rompió con la tradición de Ferrari al montar un motor V6, el Ferrari Dino 246 GT demostró que no hacía falta un V12 para ofrecer sensaciones excepcionales. Su elegante diseño italiano, un chasis perfectamente equilibrado y una conducción extremadamente precisa han hecho que, con el paso del tiempo, sea considerado uno de los Ferrari clásicos más deseados y valorados del mercado.
El Buick Riviera de 1965 destacó por combinar un refinado diseño con un potente motor V8 y un confort sobresaliente para largos viajes. Sus líneas limpias y proporcionadas han envejecido de forma extraordinaria, hasta el punto de ser considerado por muchos especialistas como uno de los diseños más bellos que jamás salieron de General Motors.
Concebido para dominar los circuitos, el BMW 3.0 CSL utilizó una construcción aligerada, una aerodinámica muy avanzada para su época y un historial deportivo brillante que cimentó la reputación de BMW Motorsport. Su escasa producción y su enorme importancia histórica hacen que siga siendo uno de los clásicos más admirados de la firma alemana.
El Plymouth AAR ‘Cuda fue creado para homenajear la participación de Chrysler en el campeonato Trans Am, incorporando una imagen inconfundible, componentes específicos de alto rendimiento y una fabricación limitada a un único año. Precisamente esa exclusividad ha disparado su valor entre los coleccionistas de los grandes muscle cars americanos.
El Mercedes-Benz 300 SEL 6.3 revolucionó el segmento al combinar el lujo de una gran berlina con las prestaciones de un auténtico deportivo gracias a un enorme motor V8. Su discreta estética escondía unas capacidades sorprendentes, convirtiéndose en uno de los primeros sedanes de altas prestaciones y en un modelo imprescindible dentro de la historia de Mercedes-Benz.
El De Tomaso Pantera logró una combinación única entre el espectacular diseño italiano y la fiabilidad del motor V8 de origen Ford, ofreciendo prestaciones de superdeportivo con un mantenimiento más sencillo que el de muchos de sus rivales europeos. Su peculiar mezcla de culturas y su creciente exclusividad han provocado que cada vez más coleccionistas lo consideren una auténtica joya clásica.
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