El Mercedes-Benz 500E fue uno de los proyectos más especiales de la década. Fabricado entre 1991 y 1994, Mercedes recurrió a Porsche para adaptar el chasis del W124 e instalar el potente V8 de 5,0 litros y 322 CV procedente del SL. Con apenas 10.479 unidades producidas, ofrecía un equilibrio excepcional entre lujo y prestaciones, aunque siempre vivió a la sombra del BMW M5 de la época.
El Mitsubishi Eclipse GSX conquistó a los aficionados gracias a su combinación de tracción total, motor 2.0 turbo y un tamaño compacto que le permitía plantar cara a deportivos mucho más potentes. Con 195 CV y una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de siete segundos, se convirtió en uno de los coupés japoneses más interesantes de los años noventa antes de que Mitsubishi cambiara su estrategia hacia la electrificación.
Mientras el protagonismo recaía sobre modelos como el 911 o el Boxster, el Porsche 968 pasó casi desapercibido. Equipado con un motor de 237 CV y la tecnología VarioCam, alcanzaba una velocidad máxima cercana a los 250 km/h ofreciendo un comportamiento dinámico sobresaliente. Fue además el último Porsche con arquitectura transaxle, una configuración que nunca recibió el reconocimiento que realmente merecía.
El Nissan Sunny GTI-R, conocido como Pulsar GTI-R en Japón, fue desarrollado para homologar la participación de la marca en el Campeonato del Mundo de Rallyes. Su motor 2.0 turbo de 220 CV, unido a la tracción integral, lo convirtió en uno de los compactos más rápidos de su generación. Con únicamente 14.613 unidades fabricadas, hoy es una pieza muy codiciada entre los coleccionistas.
El Dodge Neon R/T intentó recuperar el prestigio de las históricas siglas R/T en un formato completamente distinto. Lanzado en 1998, incorporaba un motor 2.0 de 150 CV que ofrecía mejores prestaciones que algunos rivales europeos de la época. Sin embargo, las críticas a su refinamiento y la fuerte competencia hicieron que desapareciera rápidamente del mercado sin alcanzar la fama de otros deportivos compactos.
El Volvo 850R demostró que un familiar también podía ofrecer altas prestaciones. Su motor 2.3 turbo de 247 CV permitía acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 6,9 segundos con cambio manual, cifras espectaculares para mediados de los años noventa. Su discreta estética, combinada con asientos de Alcántara y un excelente comportamiento, lo convirtió en uno de los Volvo más especiales jamás fabricados.
El Volkswagen Corrado es recordado principalmente por su versión VR6, aunque toda la gama ofrecía un comportamiento brillante. Disponible con motores de entre 113 y 187 CV, incorporaba un innovador alerón trasero activo que mejoraba la estabilidad a alta velocidad, una solución poco habitual en aquellos años. A pesar de que se fabricaron más de 97.500 unidades, nunca alcanzó el reconocimiento de otros deportivos europeos de los noventa.
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