El Auburn 851 Speedster se convirtió en uno de los diseños más influyentes de la era anterior a la Segunda Guerra Mundial gracias a sus elegantes líneas Art Déco. Su larguísimo capó, los guardabarros fluidos y una zaga estilizada transmitían sensación de movimiento incluso detenido, inspirando durante décadas el diseño de numerosos gran turismos.
El Lancia Lambda cambió para siempre la construcción de los automóviles al introducir la carrocería autoportante y la suspensión delantera independiente. Estas innovaciones mejoraron notablemente la rigidez estructural, el comportamiento dinámico y la seguridad, convirtiéndose con el paso de los años en soluciones prácticamente universales dentro de la industria.
El Chevrolet Corvette Sting Ray de 1963 redefinió el concepto de deportivo estadounidense al combinar una carrocería de líneas aerodinámicas con un avanzado chasis y suspensión trasera independiente. Su espectacular diseño sigue siendo una de las mayores referencias estéticas de la historia del Corvette y continúa inspirando a numerosos deportivos modernos.
El Jaguar E-Type unió una belleza extraordinaria con una ingeniería derivada de la competición para convertirse en uno de los deportivos más admirados de todos los tiempos. Su interminable capó, las suaves curvas de la carrocería y sus magníficas proporciones siguen siendo una fuente de inspiración para diseñadores de deportivos de todo el mundo.
El Audi Quattro cambió para siempre el mundo del automóvil al demostrar que la tracción total podía ofrecer enormes ventajas también en coches de altas prestaciones. Su éxito en los rallyes impulsó el desarrollo de una nueva generación de deportivos más eficaces, convirtiéndose en el modelo que popularizó la tracción integral en vehículos de alto rendimiento.
El Renault Espace transformó el concepto de vehículo familiar gracias a su innovador diseño de carrocería monovolumen, un interior extremadamente versátil y un excelente aprovechamiento del espacio. Su filosofía marcó el camino para numerosos monovolúmenes y, años después, influyó directamente en el desarrollo de muchos SUV modernos.
El Mazda RX-7 FD destacó durante los años noventa por una carrocería de líneas suaves, proporciones compactas y una aerodinámica muy cuidada que combinaba belleza y eficiencia. Su motor rotativo y su inconfundible silueta lo convirtieron en uno de los deportivos japoneses más admirados, manteniendo una enorme influencia sobre el diseño de los deportivos modernos.
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