El Acura NSX de primera generación revolucionó la industria cuando apareció a comienzos de los años 90. Su configuración de motor central, chasis de aluminio y puesta a punto desarrollada junto a pilotos de competición le daban un comportamiento extremadamente preciso y equilibrado. Además, Honda consiguió algo que parecía imposible en un superdeportivo exótico: una fiabilidad mecánica ejemplar y una facilidad de uso diaria muy superior a la de muchos rivales europeos.
El Lexus LFA fue desarrollado durante casi una década por Toyota para demostrar hasta dónde podía llegar la ingeniería japonesa. Su impresionante motor V10 atmosférico subía de revoluciones tan rápido que necesitó un cuadro digital porque las agujas analógicas no podían seguir el ritmo. El sonido mecánico recordaba directamente a un Fórmula 1 de la vieja escuela, mientras que su construcción en fibra de carbono y su fiabilidad general lo convertían en un auténtico unicornio entre los superdeportivos modernos.
El Porsche Cayman GT4 ofrecía una experiencia de conducción extremadamente cercana a la de muchos Ferrari gracias a su configuración de motor central y un equilibrio dinámico casi perfecto. Su motor bóxer atmosférico entregaba una respuesta precisa y un sonido mecánico espectacular, mientras que la robustez típica de Porsche permitía disfrutarlo intensamente tanto en carretera como en circuito sin sufrir las constantes preocupaciones habituales de otros deportivos exóticos.
El Chevrolet Corvette C8 Z06 sorprendió al mundo al adoptar una arquitectura de motor central y un motor V8 flat-plane crank capaz de girar a altísimas revoluciones. El resultado fue un sonido agudo y visceral más cercano a un Ferrari que a un muscle car tradicional americano. Además, Chevrolet logró mantener unos costes de mantenimiento mucho más bajos y una durabilidad mecánica sobresaliente, algo que convirtió al Z06 en una auténtica alternativa racional a muchos superdeportivos europeos.
El Mazda MX-5 Miata demostró que no hacen falta 500 CV para disfrutar como en un coche de carreras. Su bajo peso, dirección comunicativa y cambio manual preciso ofrecían sensaciones extremadamente puras y adictivas en carreteras reviradas. Además, su sencillez mecánica y su legendaria fiabilidad permitieron que miles de unidades sobrevivan durante décadas con mínimos problemas mecánicos incluso tras un uso intensivo.
El Honda S2000 se convirtió en un icono gracias a su increíble motor VTEC capaz de alcanzar las 9.000 revoluciones por minuto. La transición del sistema VTEC transformaba completamente el carácter del coche, ofreciendo una sensación explosiva y emocionante a altas vueltas. Su chasis equilibrado y la extraordinaria fiabilidad desarrollada por Honda hicieron del S2000 uno de los roadsters deportivos más admirados y resistentes jamás construidos.
El Lexus LC 500 parece un concept car escapado directamente de un salón del automóvil. Bajo su espectacular diseño futurista se esconde un refinado motor V8 atmosférico de cinco litros que ofrece un sonido profundo y una respuesta progresiva cada vez más rara en la industria moderna. Además, Lexus aplicó los estándares de calidad y durabilidad de Toyota para crear un gran turismo capaz de combinar lujo, emoción y fiabilidad a largo plazo.
Relacionadas
Robyn Denholm, nuevo integrante del Consejo de Tesla Motors
Cambios en el comité de dirección y finanzas de Tesla Motors en Silicon...