El Nissan Skyline GT-R R34 es considerado por muchos como el máximo exponente de la ingeniería japonesa de alto rendimiento. Equipado con el legendario motor biturbo RB26 y un avanzado sistema de tracción total, dominó tanto en carretera como en competición. Su extraordinaria capacidad de aceleración, su enorme potencial de preparación y una fiabilidad sobresaliente le permitieron ganarse el apodo de “Godzilla”, convirtiéndose en uno de los deportivos más influyentes de la historia.
El Toyota Supra Mk4 alcanzó la categoría de icono gracias a su famoso motor biturbo 2JZ-GTE, una mecánica que todavía hoy es admirada por su resistencia y capacidad para soportar enormes incrementos de potencia. Durante los años 90 representó la cúspide del rendimiento deportivo de Toyota, destacando por sus prestaciones, diseño aerodinámico y enorme presencia en el mundo de la competición y la cultura popular.
El Mazda RX-7 FD destacó por ofrecer una propuesta completamente diferente al resto de sus rivales. Su motor rotativo biturbo proporcionaba una entrega de potencia única y una capacidad para subir de revoluciones difícil de igualar. Además, su bajo peso, equilibrio casi perfecto y una estética que sigue siendo admirada décadas después lo convirtieron en una referencia para los amantes de la conducción más pura.
El Mitsubishi Lancer Evolution VI trasladó directamente la tecnología del Campeonato Mundial de Rally a los conductores de carretera. Su motor turboalimentado de cuatro cilindros y su sofisticado sistema de tracción total ofrecían un nivel de agarre y aceleración extraordinario. Gracias a los éxitos de Mitsubishi en competición, el Evo VI se convirtió en uno de los sedanes deportivos más respetados de toda la década.
El Subaru Impreza WRX STI se ganó una legión de seguidores gracias a la combinación de un motor bóxer turboalimentado y la reconocida tracción total simétrica de Subaru. Inspirado directamente en los coches de rally de la marca, ofrecía unas prestaciones impresionantes en cualquier superficie y unas sensaciones de conducción muy características. Su sonido inconfundible y su agresivo comportamiento siguen siendo parte de su leyenda.
Aunque el Honda NSX no utilizaba turboalimentación, resulta imposible hablar de los deportivos japoneses más influyentes de los años 90 sin mencionarlo. Desarrollado con la colaboración de Ayrton Senna, revolucionó el segmento al combinar prestaciones de superdeportivo con una fiabilidad y facilidad de uso desconocidas hasta entonces. Su estructura de aluminio, motor central y comportamiento preciso demostraron que Japón podía competir de tú a tú con Ferrari y Porsche.
El Nissan 300ZX Twin Turbo fue uno de los deportivos tecnológicamente más avanzados de su generación. Su motor V6 biturbo proporcionaba una aceleración contundente, mientras que su diseño futurista y su refinado comportamiento dinámico le permitían competir con algunos de los mejores deportivos del mundo. Aunque en ocasiones quedó eclipsado por otros iconos japoneses, continúa siendo una de las grandes referencias del rendimiento nipón de los años 90.
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