El Mazda MX-5 Miata es uno de los mejores ejemplos de la filosofía de que menos puede ser más. Desde su lanzamiento en 1989, este roadster ha conquistado a los aficionados gracias a su bajo peso, tracción trasera y extraordinaria agilidad. Aunque su motor de 2.0 litros desarrolla 181 CV, su equilibrio y la precisión de su chasis ofrecen una experiencia de conducción que muchos deportivos mucho más potentes no consiguen igualar.
El Lotus Elise llevó el concepto de deportivo ligero a otro nivel. Con apenas 860 kilos de peso y un motor de 1.8 litros con alrededor de 190 CV, este modelo británico apostó por la simplicidad para lograr prestaciones sorprendentes. Su chasis de aluminio y su excelente comportamiento en curva permitieron crear uno de los coches más puros y divertidos de conducir de las últimas décadas.
El BMW Z4 Roadster demuestra que no es necesario recurrir a enormes motores para ofrecer sensaciones deportivas. La generación más reciente combina una estructura relativamente ligera, un motor turboalimentado de cuatro cilindros con 255 CV y una puesta a punto enfocada en la agilidad. Todo ello acompañado por un habitáculo de calidad y una experiencia de conducción muy equilibrada.
Desarrollado junto a Subaru, el Toyota 86 apostó por un planteamiento clásico basado en tracción trasera, bajo centro de gravedad y un peso contenido. Su motor bóxer de 2.4 litros y 228 CV puede parecer modesto frente a otros deportivos modernos, pero su precisión en curva y su capacidad para transmitir sensaciones lo han convertido en uno de los modelos favoritos de los entusiastas.
El Alfa Romeo 4C es uno de los deportivos más radicales de su generación. Gracias a su chasis monocasco de fibra de carbono, un peso cercano a los 1.130 kilos y un motor turbo de 237 CV, ofrece una experiencia extremadamente directa y emocionante. Su dirección precisa y su comportamiento en carreteras reviradas demuestran las ventajas de una construcción ligera y enfocada en el conductor.
El Subaru BRZ comparte filosofía con el Toyota 86, apostando por la ligereza y la eficacia antes que por cifras espectaculares de potencia. Su motor bóxer de 2.4 litros con 228 CV, tracción trasera y excelente reparto de pesos permiten disfrutar de una conducción precisa y muy comunicativa. Es la prueba de que un deportivo bien diseñado puede resultar tremendamente divertido sin necesidad de superar los 300 CV.
Producido entre 1969 y 1976, el Porsche 914 combinó la experiencia deportiva de la marca alemana con una propuesta accesible y sencilla. Su configuración de motor central, peso contenido y excelente distribución de masas le permitieron ofrecer una conducción muy equilibrada. Además, su techo tipo targa desmontable añadía un atractivo extra para quienes buscaban disfrutar de la carretera al aire libre.
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