Cuando se habla del Nissan Skyline, la mayoría piensa en deportivos turbo o en los legendarios GT-R. Sin embargo, el Skyline R31 Wagon fue una versión desarrollada para mercados como Australia y Sudáfrica, donde se valoraban la robustez y el espacio interior. Su motor de seis cilindros en línea y propulsión trasera mantenían intacto el ADN de la saga, aunque con un enfoque mucho más práctico.
El Honda Civic Wagon fue un vehículo difícil de clasificar incluso en su lanzamiento. A medio camino entre un compacto, un monovolumen y un crossover, destacaba por ofrecer una suspensión elevada, tracción total mediante acoplamiento viscoso y una enorme versatilidad, anticipando conceptos que décadas después dominarían el mercado del automóvil.
Antes de que el Impreza conquistara el Mundial de Rallyes, el Subaru Legacy RS/GT Wagon ya demostraba el potencial de la marca. Equipado con versiones biturbo exclusivas para Japón y la reconocida tracción total de Subaru, este familiar fue el punto de partida de la colaboración entre STI y Prodrive, una alianza histórica que cambiaría para siempre la competición y la imagen deportiva del fabricante japonés.
El Geo Storm Wagonback, derivado del Isuzu Impulse, fue uno de los modelos más peculiares de principios de los años noventa. Su diseño de tres puertas con techo alargado, los característicos faros escamoteables y un comportamiento muy ágil lo diferenciaban de cualquier otro wagon de la época. Aunque su motor de 1.6 litros no destacaba por prestaciones, su personalidad sigue despertando el interés de coleccionistas y aficionados.
El Datsun 510 ‘Bluebird’ fue uno de los modelos que ayudó a consolidar la reputación de la industria japonesa en mercados como Norteamérica. Su versión familiar ofrecía una combinación poco habitual para la época: motores de cuatro cilindros con buen rendimiento, un comportamiento dinámico muy equilibrado y una gran practicidad, convirtiéndose en una referencia para las familias que buscaban algo más que un simple coche utilitario.
Pocos coches pueden presumir de montar un motor rotativo Wankel, y mucho menos un familiar. El Mazda RX-3 Wagon apostó por una mecánica revolucionaria que entregaba una conducción muy diferente a cualquier rival de su época. Aunque su fiabilidad nunca fue su punto fuerte, su carácter deportivo y su exclusividad lo han convertido en uno de los wagons japoneses más singulares jamás fabricados.
Mucho antes de la llegada masiva de los SUV, el Toyota Tercel 4×4 ya ofrecía una solución práctica para quienes necesitaban aventurarse fuera del asfalto. Destacaba por incorporar tracción total conectable, una transmisión de seis velocidades con una primera ultracorta y una notable capacidad para circular por terrenos complicados, demostrando que un coche familiar también podía desenvolverse como un auténtico todocamino.
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