Durante muchos años, los SUV fueron vistos como vehículos familiares diseñados para ofrecer espacio, comodidad y capacidad fuera del asfalto. Sin embargo, algunos fabricantes decidieron desafiar esa idea creando modelos con motores V8, tracción total y aceleraciones propias de un deportivo. Aunque nunca disfrutaron de la misma fama que los coupés o las berlinas de altas prestaciones, estos SUV demostraron que el rendimiento también podía llegar sobre una carrocería elevada.
El GMC Typhoon revolucionó el mercado a principios de los años 90 gracias a su motor V6 turboalimentado y un eficaz sistema de tracción total. Su aceleración sorprendía incluso a deportivos mucho más prestigiosos, pese a mantener la apariencia de un SUV compacto convencional. Con el paso de los años se ha convertido en uno de los primeros SUV de altas prestaciones de la historia y en una auténtica pieza de colección.
El Chevrolet TrailBlazer SS escondía bajo el capó un motor LS2 V8 de 6.0 litros, capaz de ofrecer unas prestaciones impropias de un SUV familiar. Combinaba una aceleración contundente con un interior amplio y un gran maletero, lo que hacía que muchos conductores subestimaran su potencial. Hoy continúa siendo uno de los SUV sleeper más apreciados por los aficionados a los coches de altas prestaciones.
El Saab 9-7X Aero compartía gran parte de su desarrollo con el TrailBlazer SS, incluido el potente motor LS2 V8. No obstante, Saab incorporó una puesta a punto específica de la suspensión y un diseño más refinado que le otorgaban una personalidad propia. Su imagen de SUV premium hacía difícil imaginar el nivel de prestaciones que escondía, convirtiéndolo en uno de los modelos más exclusivos y desconocidos de este segmento.
Cuando Porsche presentó el Cayenne Turbo, muchos dudaron de que un SUV pudiera estar a la altura de la reputación deportiva de la marca alemana. Sin embargo, su motor V8 biturbo, un comportamiento dinámico sobresaliente y unas prestaciones de primer nivel disiparon cualquier duda. El Cayenne Turbo demostró que un SUV podía competir con muchas berlinas deportivas sin renunciar al lujo, la tecnología y la practicidad.
El Infiniti FX45 destacó por combinar un llamativo diseño con un motor V8 de 4,5 litros, ofreciendo un comportamiento mucho más cercano al de un crossover deportivo que al de un SUV tradicional. Por su parte, el Dodge Durango SRT llevó el ADN de los muscle car a un SUV de tres filas de asientos, gracias a su potente motor Hemi V8 atmosférico, capaz de ofrecer aceleraciones sorprendentes sin perder su carácter familiar.
El Mercedes-Benz ML 55 AMG apareció cuando todavía era muy poco habitual encontrar SUV de altas prestaciones. Equipado con un motor V8 desarrollado por AMG, combinaba lujo, confort y una aceleración muy superior a la esperada para un vehículo de su tamaño. Aunque los actuales SUV de AMG son mucho más potentes, el ML 55 AMG fue uno de los modelos que abrió el camino a la nueva generación de SUV deportivos que domina el mercado en la actualidad.
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