El Mitsubishi Starion, comercializado como Chrysler Conquest en Norteamérica, fue uno de los coupés deportivos más atractivos de los años ochenta. Equipado con un motor 2.6 turbo de hasta 197 CV, pretendía competir con modelos como el Toyota Supra, Nissan Z o Mazda RX-7, además de ofrecer una alternativa asequible al Porsche 944. Sin embargo, sus bajas ventas provocaron que hoy sea uno de los deportivos japoneses más difíciles de encontrar.
El International Harvester Scout fue uno de los grandes pioneros del todoterreno estadounidense. Fabricado entre 1961 y 1980, destacaba por ofrecer mayor comodidad que los Jeep de la época sin perder capacidad fuera del asfalto. Aunque nunca alcanzó la popularidad del Ford Bronco o el Chevrolet Blazer, actualmente es un clásico muy buscado y encontrar una unidad pendiente de restauración resulta cada vez más complicado.
El Volkswagen Corrado sustituyó al Scirocco en 1988 con un diseño más sofisticado y motores que evolucionaron desde un cuatro cilindros hasta el legendario VR6. A pesar de su excelente comportamiento dinámico y de ser considerado por muchos uno de los Volkswagen más atractivos jamás fabricados, solo se produjeron 97.521 unidades, una cifra muy baja que explica su creciente exclusividad en el mercado de clásicos.
El Opel GT sorprendió por su estética, claramente inspirada en el Chevrolet Corvette, aunque sobre una plataforma mucho más modesta derivada del Kadett. Sus característicos faros escamoteables giratorios y su diseño deportivo lo convirtieron en uno de los modelos más originales de Opel. Sin embargo, sus discretas prestaciones y unas ventas limitadas hicieron que hoy resulte muy difícil encontrar ejemplares en buen estado.
El Saab 900 Turbo destacó por su innovadora configuración mecánica, un diseño inconfundible y un eficiente motor turboalimentado que ofrecía un excelente equilibrio entre prestaciones y fiabilidad. Su producción siempre fue limitada y los ejemplares de las primeras generaciones prácticamente han desaparecido de las carreteras.
Los Subaru DL y GL fueron fundamentales para consolidar la identidad de la marca japonesa gracias a su motor bóxer y la posibilidad de incorporar tracción total, una solución poco habitual en turismos de aquella época. Su baja difusión fuera de Japón y el paso del tiempo han convertido a estos modelos en auténticas piezas de colección para los seguidores de Subaru.
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