En los años noventa, conducir un Cadillac, Mercedes-Benz, Infiniti o Bentley era sinónimo de éxito. Estos modelos ofrecían tecnologías avanzadas para la época, interiores lujosos y una imagen que llamaba la atención allí donde aparecían. Sin embargo, el paso del tiempo, los elevados costes de mantenimiento, los problemas de fiabilidad y la evolución del mercado han provocado que muchos de estos automóviles pierdan casi por completo el prestigio que un día tuvieron.
El Cadillac DeVille VII representó durante los años 90 la esencia del lujo estadounidense gracias a su motor Northstar V8, un habitáculo repleto de cuero y una conducción extremadamente confortable. Sin embargo, los conocidos problemas de juntas de culata del Northstar y los elevados costes de reparación redujeron drásticamente su atractivo. Hoy es posible encontrar unidades en buen estado por apenas unos miles de dólares, muy lejos del prestigio que transmitía cuando era nuevo.
Cuando apareció en 1990, el Infiniti Q45 fue concebido para enfrentarse al exitoso Lexus LS400. Su motor V8 de 4,5 litros, el elevado nivel de confort y un diseño sobrio le permitieron ganarse una buena reputación. Sin embargo, el paso del tiempo dejó al descubierto unos costes de mantenimiento elevados y una estética que hoy resulta demasiado discreta frente a sus rivales europeos, provocando que su valor de mercado se desplomara.
El Mercedes-Benz Clase S W140 llegó en 1991 como uno de los automóviles más sofisticados jamás fabricados por la marca alemana, con detalles como cristales dobles, motores V12 y una calidad de construcción excepcional. A su lado, el Audi A8 revolucionó el segmento con su innovadora estructura de aluminio, mientras que el Audi TT sorprendió con un diseño inspirado en el estilo Bauhaus. Sin embargo, la complejidad electrónica, las averías y el elevado coste de las reparaciones han convertido a estos modelos en opciones poco atractivas para muchos compradores del mercado de ocasión.
El Alfa Romeo 156 conquistó a la prensa especializada gracias a su diseño italiano, sus tiradores traseros ocultos y un comportamiento dinámico muy por encima de la media. No obstante, su fama quedó marcada por problemas eléctricos, corrosión y averías electrónicas, factores que redujeron considerablemente su valor de reventa y acabaron eclipsando sus numerosas virtudes.
La tercera generación del Mazda RX-7 llegó al mercado estadounidense entre 1992 y 1995 con un espectacular motor rotativo biturbo, un peso muy reducido y unas prestaciones comparables a las de deportivos mucho más caros. Sin embargo, el elevado coste del seguro, el consumo de combustible y la delicada mecánica del motor rotativo hicieron que su depreciación fuera muy rápida. Con el tiempo se ha convertido en un vehículo muy apreciado por los coleccionistas, aunque durante años estuvo infravalorado.
El Toyota Camry XV10 fue presentado como una alternativa casi premium gracias a su refinado motor V6, un habitáculo silencioso y un nivel de confort superior al habitual en su categoría. Con el paso de los años, su extraordinaria fiabilidad terminó convirtiéndolo en un coche eminentemente práctico, perdiendo por completo la imagen exclusiva que Toyota pretendía transmitir en los años noventa.
El Bentley Continental R fue uno de los automóviles más exclusivos de la década, con un precio superior a 200.000 dólares, interiores realizados de forma artesanal y materiales de máxima calidad. Actualmente pueden encontrarse unidades por menos de 30.000 dólares, pero esa enorme depreciación esconde una realidad: las reparaciones y el mantenimiento siguen teniendo costes propios de un Bentley nuevo. Precisamente esa combinación de precios de compra bajos y gastos de mantenimiento muy elevados ha provocado que este antiguo símbolo de lujo sea hoy una adquisición reservada únicamente para quienes conocen perfectamente lo que implica mantenerlo.
Relacionadas
Precio del Mercedes SLS AMG Black Series 2014
Un superdeportivo de 622 caballos de fuerza que acelera de 0-60 mph en 3.5...