El Chevrolet Corvette ZR-1 revolucionó el concepto del deportivo estadounidense gracias a un motor V8 de doble árbol de levas desarrollado junto a Lotus, una tecnología muy avanzada para su época. Su extraordinario equilibrio entre velocidad, precisión y facilidad de uso permitió competir de tú a tú con exclusivos deportivos europeos de precio muy superior.
El Nissan GT-R R35 cambió las reglas del juego ofreciendo aceleraciones propias de un supercoche, un motor V6 biturbo y un sofisticado sistema de tracción total por una fracción del precio de muchos rivales. Su impresionante rendimiento tanto en carretera como en circuito le hizo merecedor del sobrenombre de “Godzilla”, convirtiéndose en uno de los deportivos más respetados del siglo XXI.
El BMW M3 E46 sigue siendo considerado uno de los mejores deportivos jamás fabricados por la marca alemana. Su legendario motor de seis cilindros en línea S54, un chasis perfectamente equilibrado y una dirección extremadamente precisa ofrecían una experiencia de conducción difícil de igualar incluso por modelos mucho más modernos.
El Dodge Viper ACR fue desarrollado con un único objetivo: dominar los circuitos. Su enorme motor V10 atmosférico, una avanzada aerodinámica y un nivel de agarre excepcional le permitieron establecer numerosos récords de vuelta. Frente a rivales cargados de ayudas electrónicas, el Viper apostó por una conducción puramente mecánica y extremadamente exigente.
El Porsche Cayman GT4 demostró que un deportivo de motor central podía competir e incluso superar a modelos más caros. Su motor atmosférico, una puesta a punto impecable y una dirección extremadamente comunicativa ofrecían un comportamiento brillante tanto en carretera como en circuito, convirtiéndolo en uno de los Porsche más admirados por los entusiastas.
El Ford GT recuperó el espíritu del legendario GT40 mediante una combinación de construcción ligera, sofisticada aerodinámica y tecnología desarrollada para la competición de resistencia. Su extraordinario rendimiento y sus éxitos en carreras internacionales consolidaron su posición entre los mejores superdeportivos modernos jamás construidos.
El Mitsubishi Lancer Evolution IX perfeccionó la receta de los deportivos nacidos de los rallyes gracias a un motor turboalimentado, tracción total permanente y una precisión de conducción sobresaliente. Su enorme capacidad de preparación y su eficacia en cualquier tipo de carretera lo convirtieron en un auténtico icono entre los aficionados.
El Chevrolet Camaro ZL1 1LE transformó el concepto tradicional del muscle car con un potente V8 sobrealimentado, suspensión específica para circuito y un avanzado paquete aerodinámico. Estas mejoras le permitieron enfrentarse con éxito a deportivos europeos mucho más caros, demostrando que también podía destacar por su comportamiento dinámico y no solo por su potencia.
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