El Hummer H2 intentó adaptar el espíritu del H1 al uso cotidiano, aunque mantuvo intacta su fama de vehículo sediento. Equipado con un potente motor V8, una carrocería gigantesca y abundantes detalles cromados, ofrecía una imagen dominante allí donde aparecía. Su elevado peso penalizaba notablemente el consumo, convirtiéndolo en uno de los SUV más extravagantes de su generación.
La Dodge Ram SRT-10 rompió cualquier lógica al incorporar el espectacular motor V10 del Dodge Viper bajo el capó de una camioneta. El resultado fue una pick-up capaz de acelerar como un deportivo, aunque con un consumo digno de un vehículo de competición. Sus más de 500 CV transformaban cualquier aceleración en un espectáculo, mientras el indicador de combustible descendía con la misma rapidez que aumentaba la velocidad.
El Bugatti Veyron fue concebido para romper todos los límites conocidos. Su extraordinario motor W16 de 1.001 CV con cuatro turbocompresores necesitaba una compleja refrigeración mediante diez radiadores y consumía combustible a un ritmo impresionante cuando circulaba a máxima velocidad. Alcanzar más de 400 km/h tenía un precio, y la eficiencia jamás figuró entre las prioridades de uno de los automóviles más revolucionarios de la historia.
El Rolls-Royce Phantom lleva décadas siendo uno de los máximos exponentes del lujo automovilístico. Bajo su refinada carrocería esconde un enorme motor V12 diseñado para mover con total suavidad una berlina de gran tamaño. Su prioridad nunca fue reducir el gasto de combustible, sino ofrecer un confort excepcional y un silencio de marcha difícil de igualar, convirtiéndose en un auténtico símbolo de exclusividad.
El Cadillac Escalade de principios de los años 2000 marcó una época gracias a su presencia imponente, su abundante equipamiento y sus potentes motores V8. Muy popular en la cultura estadounidense, especialmente en el mundo de la música y el entretenimiento, destacaba tanto por su lujo como por un consumo elevado que apenas preocupaba a quienes buscaban destacar por encima de todo.
El Chevrolet Suburban de las décadas de 1990 y 2000 es uno de los SUV más longevos y reconocidos del mercado estadounidense. Su inmenso habitáculo, su capacidad para transportar familias numerosas y sus robustos motores V8 hicieron de él una referencia entre los vehículos de gran tamaño. La eficiencia nunca fue su principal virtud, pero sí su enorme fiabilidad, versatilidad y capacidad para afrontar cualquier tipo de viaje.
El Hummer H1 nació con un propósito militar y jamás ocultó su naturaleza extrema. Su enorme tamaño, su impresionante capacidad off-road y sus motores de gran cilindrada hacían que el consumo de combustible fuera completamente secundario. Cada trayecto suponía visitar con frecuencia la gasolinera, pero a cambio ofrecía una presencia imponente y unas capacidades que muy pocos vehículos podían igualar. Conducir un H1 era una auténtica declaración de intenciones.
El Lamborghini Aventador representa la esencia de los grandes superdeportivos italianos. Su motor V12 atmosférico de 6,5 litros, acompañado de un sonido inconfundible y un diseño radical, convierte cada trayecto en una experiencia única. Sin embargo, semejante despliegue de prestaciones también implica un elevado consumo de combustible, un sacrificio que pocos propietarios consideran importante frente a la emoción que transmite al volante.
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