El BMW Serie 7 combina el lujo, la tecnología y las prestaciones propias de la berlina más sofisticada de la marca alemana, pero esa enorme dotación tecnológica también puede jugar en su contra con el paso del tiempo. Su compleja electrónica, suspensión adaptativa y mecánicas turbo o híbridas aceleran la depreciación, especialmente cuando termina la garantía y los compradores de segunda mano comienzan a preocuparse por los costes de mantenimiento.
El Maserati Quattroporte apuesta por una imagen mucho más exclusiva, un habitáculo artesanal y, en determinadas versiones, motores desarrollados por Ferrari. Sin embargo, su elevado coste de mantenimiento y las dudas sobre su fiabilidad reducen la demanda como vehículo usado, haciendo que pueda perder valor más rápidamente que rivales de Mercedes-Benz o BMW y convirtiéndolo en una alternativa muy interesante para quien busque lujo por mucho menos dinero.
El Nissan Leaf fue uno de los primeros coches eléctricos fabricados para el gran público, pero la velocidad a la que ha evolucionado esta tecnología ha perjudicado especialmente a las primeras generaciones. La menor autonomía, las cargas más lentas y la degradación de las baterías hacen que los Leaf antiguos pierdan atractivo rápidamente, provocando una depreciación considerable frente a eléctricos más modernos.
El Mercedes-Benz Clase S continúa siendo una referencia entre las berlinas de lujo, pero incorporar una cantidad enorme de tecnología tiene consecuencias cuando pasan los años. La suspensión neumática, los sistemas de asistencia y el sofisticado sistema multimedia pueden resultar muy costosos de reparar, algo que reduce el número de compradores interesados en ejemplares usados y provoca una fuerte caída respecto a su precio original.
La Cadillac Escalade ESV ofrece una carrocería gigantesca, tres filas de asientos y una presencia difícil de ignorar, pero su tamaño también implica un consumo elevado. El coste de combustible y la aparición de SUV de lujo más eficientes presionan su valor residual, permitiendo encontrar unidades relativamente recientes por bastante menos dinero que cuando eran nuevas.
El Audi A8 incorpora tracción integral, suspensión neumática y un interior repleto de tecnología para enfrentarse a los grandes buques insignia alemanes. Sin embargo, su menor tirón de imagen frente al Mercedes Clase S y el BMW Serie 7 perjudica su demanda en el mercado de ocasión, una circunstancia que beneficia claramente al comprador que busca confort y prestaciones de representación sin pagar el precio de un coche nuevo.
El Jaguar XF destaca por su diseño elegante y un comportamiento dinámico que puede resultar más atractivo que el de algunas berlinas rivales. El problema aparece en el mercado de segunda mano, donde su menor volumen de ventas, las dudas sobre la fiabilidad a largo plazo y una red de concesionarios más reducida reducen la demanda, haciendo posible encontrar unidades usadas por mucho menos que sus equivalentes alemanas.
El Lincoln Navigator ofrece tres filas de asientos, mucho espacio y un equipamiento de lujo, pero comparte buena parte de su arquitectura con el Ford Expedition. La existencia de un modelo similar y más económico dentro del mismo grupo puede perjudicar su valor residual, ya que algunos compradores de segunda mano prefieren pagar menos por el Ford y obtener unas capacidades muy parecidas, dejando al Navigator con una depreciación considerable.
El Infiniti QX80 combina estructura de largueros, tres filas de asientos y un potente V8 orientado al transporte y al remolque. Sin embargo, la menor fuerza de la marca Infiniti y una red de concesionarios más pequeña que la de sus rivales complican su reventa, haciendo que el QX80 pueda convertirse en una auténtica oportunidad para quien quiera un SUV de lujo usado con mucha capacidad sin pagar una fortuna.
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