El Nissan Leaf encabeza la clasificación con una depreciación del 63,1 % después de cinco años, según el estudio de iSeeCars. El compacto eléctrico fue uno de los pioneros de la movilidad eléctrica de gran producción, pero la rápida evolución de las baterías, la autonomía y la tecnología ha perjudicado especialmente su valor residual.
El Land Rover Range Rover pierde el 61,7 % de su valor en cinco años, una caída especialmente contundente cuando se traduce en dinero: alrededor de 69.856 dólares. Su elevado precio de partida hace que la depreciación absoluta sea muy superior a la de modelos más económicos, mientras que los costes de mantenimiento también pesan sobre el mercado de segunda mano.
El BMW i7 se encuentra entre los modelos que más valor pierden, una consecuencia de combinar el elevado precio de una berlina de lujo con la rápida evolución de la tecnología eléctrica. El mercado de ocasión penaliza especialmente a los vehículos eléctricos premium cuando aparecen modelos nuevos con mayor autonomía, mejores sistemas de carga y tecnología más avanzada.
El BMW iX también sufre una depreciación especialmente elevada, pese a continuar siendo un SUV eléctrico potente, tecnológico y sofisticado. La rápida transformación del mercado eléctrico hace que modelos que hace pocos años eran escaparates tecnológicos pierdan atractivo frente a nuevas generaciones con mejores prestaciones y precios más competitivos.
El BMW i5 vuelve a demostrar la dificultad que tienen las berlinas eléctricas de lujo para conservar su valor, especialmente frente a sus equivalentes con motores de combustión. Los descuentos aplicados a los coches eléctricos nuevos y las promociones de leasing también terminan ejerciendo presión sobre los precios de las unidades usadas.
El Jaguar I-Pace ha sufrido una fuerte pérdida de valor como consecuencia de la evolución del mercado eléctrico, después de haber sido uno de los primeros SUV premium eléctricos. La llegada de rivales con mayor autonomía y mejores sistemas de carga redujo rápidamente su atractivo, mientras que la desaparición del modelo añade incertidumbre entre los compradores de segunda mano.
El Maserati Ghibli representa la cara más tradicional de esta lista, con una depreciación vinculada a su condición de berlina de lujo de producción relativamente limitada. Los costes de mantenimiento, la menor red de servicio frente a las grandes marcas alemanas y una demanda de segunda mano más reducida presionan sus precios hacia abajo.
El Audi A8 sufre una fuerte depreciación durante sus primeros cinco años, siguiendo una tendencia habitual entre las grandes berlinas de lujo. Su elevado nivel tecnológico, con suspensión neumática, sistemas de asistencia y numerosos elementos electrónicos, hace que las generaciones anteriores pierdan atractivo rápidamente cuando aparecen modelos más modernos.
El Mercedes-Benz Clase S también pierde una cantidad considerable de valor durante sus primeros cinco años, en parte por su elevado precio de partida y por la rápida evolución tecnológica del segmento de lujo. Cada nueva generación incorpora sistemas de seguridad, confort y conectividad más avanzados, lo que provoca que el modelo anterior parezca mucho más antiguo en el mercado de ocasión.
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