En 1971, General Motors tuvo que llamar a revisión 6,7 millones de vehículos Chevrolet y GMC por un fallo en los soportes del motor. Cuando estas piezas se rompían, el propulsor podía desplazarse dentro del vano motor, provocando aceleraciones involuntarias y daños en las líneas de freno, una combinación extremadamente peligrosa que obligó finalmente a la marca a corregir el defecto.
Más de cuatro décadas después, la historia volvió a repetirse. En 2025, varios Ford Aviator, Bronco, Explorer, F-150, Mustang y Ranger fueron llamados a revisión porque un defecto en la transmisión podía hacer que el vehículo se desplazara inesperadamente al seleccionar determinadas posiciones del cambio, recordando a uno de los recalls más famosos de la marca.
Uno de los casos más curiosos llegó en 2013, cuando Subaru descubrió que algunos mandos con arranque remoto podían encender el motor simplemente al caer al suelo. El problema afectó a miles de Impreza, Legacy, Outback y XV Crosstrek, cuyos motores podían permanecer funcionando durante largos periodos sin que el propietario se diera cuenta.
No todos los llamados a revisión estuvieron relacionados con la seguridad. En 2013, Honda retiró varias unidades del Odyssey porque el emblema de la marca estaba colocado torcido, en el lado incorrecto o directamente faltaba. Aunque no suponía ningún peligro, el defecto podía afectar al valor de reventa y generar dudas sobre el historial del vehículo.
En 2013, Toyota sorprendió al sector al llamar a revisión más de 870.000 vehículos debido a que unas arañas tejían sus telas en el conducto de drenaje del aire acondicionado. La acumulación de agua podía provocar un cortocircuito en el módulo de los airbags, llegando incluso a activar el sistema de forma inesperada.
Las arañas también dieron más de un quebradero de cabeza a Mazda. Los Mazda6 fabricados entre 2009 y 2012 atraían a las arañas de saco amarillo, que construían sus nidos en los conductos del sistema de combustible. La obstrucción podía aumentar la presión dentro del depósito y provocar grietas, obligando a la marca a realizar dos campañas de revisión diferentes.
El caso más llamativo probablemente sea el del Koenigsegg Agera. En 2013, la marca detectó un fallo en el sistema de control de presión de los neumáticos que podía impedir el encendido del testigo de aviso. Lo verdaderamente insólito es que la campaña de revisión afectó únicamente a un solo coche, un exclusivo superdeportivo valorado en alrededor de 1,5 millones de dólares.
En 1980, Ford protagonizó uno de los mayores recalls de la historia tras detectarse un problema en la transmisión automática de millones de vehículos fabricados entre 1972 y 1979. Algunos modelos pasaban de la posición “P” a la marcha atrás sin previo aviso, provocando movimientos inesperados que estuvieron relacionados con miles de reclamaciones y numerosos accidentes.
Entre los recalls más sorprendentes también figura el de Volkswagen, que detectó un fallo en los calefactores de los asientos de varios Golf, Golf GTI y Jetta. El exceso de temperatura podía llegar a provocar un incendio en el propio asiento, convirtiendo un elemento pensado para aumentar el confort en un serio riesgo para los ocupantes.
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