Pocas decisiones de marketing resultan tan desconcertantes como llamar AMC Gremlin a un coche nuevo. El problema es que un “gremlin” es una criatura mitológica asociada tradicionalmente a fallos y averías mecánicas. No parece precisamente el mensaje ideal para transmitir confianza a los compradores de un vehículo que aspiraba a competir en un mercado cada vez más exigente.
El nombre Chevrolet Citation siempre ha generado cierta confusión. En Estados Unidos, una “citation” suele asociarse a una sanción de tráfico o una multa policial. Resulta difícil entender por qué una marca querría vincular uno de sus modelos a una experiencia tan poco agradable para cualquier conductor.
El De Soto Firedome fue uno de los modelos más conocidos de la desaparecida marca estadounidense durante la década de 1950. Sin embargo, su denominación nunca terminó de tener demasiado sentido. “Firedome” sonaba llamativo, pero pocos sabían realmente qué significaba, convirtiéndolo en uno de los nombres más extraños de la historia del automóvil.
Cuando Dodge lanzó la versión coupé del Dodge Dart Swinger en 1969, probablemente pretendía transmitir una imagen juvenil y moderna. Sin embargo, con el paso de los años, el término “Swinger” adquirió connotaciones muy diferentes, convirtiendo al modelo en uno de los nombres más comentados y curiosos de la industria.
El Ford Escort se convirtió en uno de los compactos más exitosos de Europa y América. No obstante, su nombre siempre generó interpretaciones diversas. Aunque originalmente hacía referencia a la idea de acompañar o proteger, con el tiempo la palabra adquirió otros significados que hicieron que la denominación resultara algo incómoda para algunos mercados.
Tras el éxito del Capri, Ford necesitaba un nuevo coupé atractivo y moderno. El resultado fue el Ford Probe, un coche interesante desde el punto de vista técnico, pero con un nombre que muchos asociaban inmediatamente a procedimientos médicos invasivos. Una imagen poco favorable para un deportivo que buscaba transmitir emoción y aventura.
El Hillman Minx permaneció en producción durante casi cuatro décadas, pero su nombre refleja claramente la mentalidad de otra era. “Minx” puede traducirse como una mujer coqueta o traviesa, una elección que hoy resultaría difícil de imaginar en la industria automovilística moderna y que sigue llamando la atención entre los coleccionistas.
El pequeño King Midget fue uno de los microcoches más peculiares fabricados en Estados Unidos. Su nombre mezclaba dos conceptos completamente opuestos: “King” (rey) y “Midget” (enano o diminuto). El resultado fue una denominación tan extraña que terminó siendo casi tan famosa como el propio vehículo.
El Plymouth Duster ofrecía motores potentes y una imagen deportiva destinada a competir con varios muscle cars de su época. Sin embargo, muchos nunca entendieron por qué fue bautizado con un nombre asociado a un utensilio de limpieza. La situación se volvió aún más curiosa cuando apareció una versión denominada Feather Duster, una de las decisiones de marketing más peculiares de la industria.
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