El Mazda CX-90 registró 21.271 unidades vendidas en Estados Unidos durante el primer semestre de 2026, un 24 % menos que en el mismo periodo del año anterior. El SUV de tres filas es uno de los modelos más importantes de la marca porque ocupa una posición elevada dentro de su gama y busca atraer a familias dispuestas a gastar más por un vehículo de mayor tamaño y refinamiento. Sin embargo, una caída de casi una cuarta parte supone un golpe importante para un modelo diseñado para impulsar a Mazda hacia un territorio más cercano al segmento premium. Ahora la compañía debe demostrar que el CX-90 ofrece suficiente tecnología, calidad, confort y valor para enfrentarse tanto a rivales generalistas como a alternativas de marcas de lujo.
La situación del Mazda CX-70 es incluso más complicada. El SUV de dos filas acumuló apenas 5.974 matriculaciones en Estados Unidos durante los seis primeros meses de 2026, lo que representa un descenso del 29 % interanual. El modelo comparte buena parte de su ingeniería y diseño con el CX-90, pero está dirigido a clientes que no necesitan una tercera fila de asientos. Mazda esperaba que este modelo reforzara su presencia entre quienes buscan un SUV de dos filas con una imagen más sofisticada, pero sus cifras reflejan que todavía no ha conseguido encontrar un espacio suficientemente claro en un mercado extremadamente competitivo. El mal comportamiento de ambos SUV ha obligado a la marca japonesa a replantear su estrategia.
a propia compañía ha reconocido la gravedad de la situación. Jeffrey Guyton, director financiero de Mazda, admitió que el rendimiento del CX-70 y del CX-90 está por debajo de las expectativas y aseguró que la situación no es aceptable para el fabricante. A pesar de estos problemas, Mazda no tiene intención de abandonar sus grandes SUV. La compañía quiere mejorar su atractivo mediante actualizaciones de producto y una estrategia comercial que dé mayor protagonismo a la seguridad. El contexto financiero, además, es diferente: Mazda volvió a registrar beneficios operativos de 32.800 millones de yenes y un beneficio neto de 29.600 millones de yenes en el primer trimestre de su ejercicio fiscal con cierre en marzo de 2027, revirtiendo las pérdidas del mismo periodo anterior.
Mazda cuenta además con un argumento directamente relacionado con los dos modelos que intenta recuperar. Tanto el CX-70 como el CX-90 de 2026 han obtenido el reconocimiento Top Safety Pick+ del IIHS, junto con sus respectivas versiones híbridas enchufables. Las evaluaciones tienen en cuenta diferentes aspectos, entre ellos la protección de los ocupantes en accidentes, el funcionamiento de los faros, la prevención de atropellos y los sistemas de prevención de colisiones frontales entre vehículos. Esto permite a Mazda promocionar la seguridad real de sus grandes SUV, en lugar de utilizar únicamente las buenas calificaciones de otros modelos de su catálogo.
La marca japonesa ya había intentado mejorar la competitividad del CX-70 mediante una reducción de precios. En octubre de 2025 presentó para el modelo 2026 una nueva versión de acceso CX-70 PHEV SC, situada por debajo de la anterior versión híbrida enchufable más económica. Su precio anunciado inicialmente era de 44.250 dólares antes de gastos de destino, frente a los más de 54.000 dólares que costaba la versión PHEV de acceso del modelo 2025. Tras una actualización de precios en mayo de 2026, el CX-70 PHEV SC figura en 44.450 dólares antes de destino. Este movimiento demuestra que Mazda ya ha utilizado el precio como herramienta para atraer clientes, pero la caída de ventas indica que ahora necesita combinar ese esfuerzo con mejores argumentos de producto.
El problema comercial se vuelve aún más complejo porque el CX-70 y el CX-90 se fabrican en Japón y se importan a Estados Unidos. Los aranceles elevan los costes asociados a estos vehículos y reducen el margen que Mazda tiene para realizar descuentos sin perjudicar su rentabilidad. La situación obliga a la compañía a encontrar un complicado equilibrio: quiere colocar sus SUV grandes en una posición cercana al segmento premium, pero un precio demasiado elevado puede llevar a los compradores hacia marcas de lujo consolidadas o hacia SUV generalistas más económicos. Esa presión sobre el precio puede ser especialmente importante en un mercado donde los consumidores comparan cada vez más equipamiento, tecnología y coste total.
La estrategia de electrificación tampoco está ayudando tanto como Mazda esperaba. Tanto el CX-70 como el CX-90 ofrecen sistemas de propulsión electrificados, pero el mercado de los híbridos enchufables atraviesa un escenario más complicado después de la pérdida de determinados incentivos. Sin esas ayudas, algunos compradores encuentran menos atractivo pagar el sobreprecio de un PHEV frente a una versión convencional. Además, la demanda de vehículos enchufables más caros se ha enfriado en determinados mercados, lo que añade presión a Mazda. Para recuperar terreno, la marca tendrá que conseguir que sus grandes SUV destaquen no solo por su electrificación, potencia o diseño, sino también por seguridad, tecnología, calidad y una relación precio-producto capaz de convencer a los compradores estadounidenses.
Uno de los principales cambios será la manera de vender estos SUV. Mazda quiere utilizar la seguridad como argumento comercial más importante para diferenciar al CX-70 y al CX-90 frente a sus rivales. La estrategia llega después de que el nuevo CX-5 recibiera la máxima distinción del Insurance Institute for Highway Safety, conocido como IIHS. La marca también destaca que dispone de más reconocimientos Top Safety Pick+ que cualquier otro fabricante, una credencial que pretende utilizar para convencer a los compradores que buscan un SUV familiar con un elevado nivel de protección.
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