Mitsubishi recupera el apellido VR, una denominación que durante décadas estuvo asociada a modelos de carácter deportivo y a la herencia de competición de la marca. Sin embargo, el nuevo Mitsubishi ASX VR-e cambia radicalmente ese concepto: deja atrás las berlinas de altas prestaciones para convertirse en un crossover eléctrico destinado inicialmente a Australia y Nueva Zelanda. Su llegada está prevista para finales de 2026 y tendrá un precio aproximado de 40.000 dólares australianos, aunque por ahora no existe confirmación de un lanzamiento en Estados Unidos.
El nuevo ASX VR-e tiene detrás una historia muy diferente a la de los Mitsubishi deportivos del pasado. El modelo está basado en el Foxtron Bria y será fabricado mediante la estructura de producción de Foxconn, gigante tecnológico que está expandiendo su actividad hacia el automóvil eléctrico a través de su división Foxtron. La compañía busca convertirse en un fabricante de vehículos eléctricos para otras marcas, aportando plataformas y tecnología que posteriormente pueden recibir diferentes logotipos y configuraciones.
Aunque ya no se trata de un deportivo convencional, el nuevo Mitsubishi no renuncia a unas cifras de rendimiento llamativas. El ASX VR-e podrá desarrollar hasta 407 CV, gracias a una configuración de dos motores eléctricos y tracción total. De esta forma, la denominación VR vuelve a estar asociada a unas prestaciones considerables, aunque ahora obtenidas mediante electricidad y no a través de un motor de combustión turboalimentado como sucedía en algunos de sus antecesores más recordados.
El sistema eléctrico utiliza una batería de 57,7 kWh, una capacidad pensada para mantener bajo control el peso y el coste del vehículo sin renunciar a unas prestaciones competitivas. Además, el crossover podrá utilizar carga rápida de hasta 134 kW, permitiendo completar una recarga en menos de 30 minutos bajo las condiciones adecuadas. Esta combinación busca hacer que el VR-e sea una alternativa práctica para el uso cotidiano y no únicamente un ejercicio de electrificación.
La participación de Foxconn refleja uno de los grandes cambios que está experimentando la industria automovilística. La compañía, conocida mundialmente por fabricar productos electrónicos, está intentando trasladar su modelo de negocio al automóvil mediante una estrategia de producción para terceros. Para fabricantes como Mitsubishi, recurrir a este tipo de alianzas puede reducir considerablemente los costes de desarrollo de modelos eléctricos destinados a segmentos más pequeños y permitir que el fabricante concentre sus recursos en productos estratégicos.
El ASX VR-e no es un caso aislado dentro de la estrategia de Mitsubishi. La firma japonesa ya ha recurrido en otros mercados a modelos derivados de Renault y Nissan, aprovechando plataformas y tecnologías desarrolladas por sus socios. Esta política permite reducir la inversión necesaria para crear vehículos completamente nuevos, especialmente en categorías donde las ventas no justificarían un desarrollo independiente. Los recursos ahorrados pueden dirigirse así hacia modelos fundamentales para la compañía.
El contraste con el histórico Galant VR-4 demuestra hasta qué punto ha cambiado la filosofía de Mitsubishi. Aquel modelo representaba la época de los motores turbo, la tracción integral y la competición, mientras que el nuevo VR-e apuesta por dos motores eléctricos, cero emisiones y tecnología de carga rápida. La recuperación del apellido conserva una parte del ADN emocional de la marca, pero lo adapta a una industria en la que la electrificación y las plataformas compartidas están redefiniendo incluso los nombres más legendarios.
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