Toyota vuelve a ajustar sus previsiones de producción y el Toyota RAV4 es, una vez más, uno de los grandes perjudicados. La compañía ha elevado el recorte previsto para sus plantas internacionales desde 83.000 hasta cerca de 100.000 vehículos, ampliando además el periodo de reducción hasta febrero de 2027. Se trata de la tercera revisión en apenas tres meses, una señal de que el mayor fabricante de automóviles del mundo considera que la desaceleración del mercado será más prolongada de lo esperado. La decisión ya ha sido comunicada a los principales proveedores, lo que confirma que los ajustes serán efectivos y no una simple previsión.
Entre los modelos afectados destacan el Toyota RAV4, el Avalon de gasolina, así como los bZ3X, bZ7 y Camry destinados al mercado chino. En el caso del RAV4, la situación resulta especialmente delicada, ya que el SUV acababa de recuperar el ritmo de producción de su nueva generación híbrida en la planta de Georgetown (Kentucky), tras varios retrasos derivados de la reorganización industrial. Toyota ya había estimado que la escasez del RAV4 provocaría unas 55.000 ventas menos en Estados Unidos durante este año, una cifra que ahora podría mantenerse si la producción continúa limitada.
Toyota atribuye buena parte de esta decisión a la caída de la demanda en Oriente Medio, el Norte de África y Asia Oriental, regiones afectadas por el aumento de los precios del combustible y las tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Oriente Medio y los problemas logísticos en el Estrecho de Ormuz. Aunque algunas rutas marítimas comienzan a normalizarse, la marca considera que el verdadero problema es la debilidad del mercado, ya que muchos consumidores han retrasado la compra de un vehículo nuevo y no existe garantía de una recuperación inmediata.
A esta situación se suma la creciente presión del mercado chino. Toyota también reducirá la producción de varios modelos electrificados destinados a China, donde fabricantes locales como BYD, Nio y Xiaomi continúan ganando cuota de mercado gracias a su rápida evolución tecnológica y a una oferta de vehículos eléctricos cada vez más competitiva. Para Toyota, este escenario supone un doble desafío: gestionar la menor demanda global y recuperar terreno frente a rivales que dominan uno de los mercados más importantes del mundo.
Mientras tanto, los concesionarios siguen trabajando con un stock extremadamente limitado del Toyota RAV4, especialmente en Estados Unidos, donde algunos distribuidores ya miden el inventario disponible en horas en lugar de días debido al elevado número de reservas pendientes. Todo apunta a que la espera para hacerse con uno de los SUV más populares del mercado seguirá alargándose, mientras Toyota intenta equilibrar producción, demanda y rentabilidad en un contexto internacional cada vez más complejo.
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