La industria del automóvil norteamericana vuelve a enfrentarse a una fuerte dosis de incertidumbre después de que Donald Trump anunciara el pasado 24 de agosto que los aranceles sobre automóviles, camiones, componentes y acero fabricados en Canadá podrían subir hasta el 50% desde el 1 de enero de 2027. La medida supondría duplicar el gravamen del 25% que actualmente afecta a determinados componentes no estadounidenses utilizados en vehículos fabricados en territorio canadiense. El problema golpea especialmente a Toyota y Honda, dos fabricantes con una importante capacidad industrial en Canadá.
La situación es especialmente delicada porque Toyota y Honda fabrican en Canadá algunos de sus modelos más importantes para el mercado estadounidense. Entre ellos están el Toyota RAV4 y el Honda CR-V, dos SUV con un enorme peso comercial en Estados Unidos y cuyas unidades producidas en territorio canadiense cruzan posteriormente la frontera para llegar a los concesionarios estadounidenses. Si el arancel termina aplicándose en los términos planteados, ambos fabricantes podrían verse obligados a asumir mayores costes o trasladarlos, al menos parcialmente, al precio final de sus vehículos.
El impacto no se limitaría a los automóviles terminados. La industria norteamericana utiliza una cadena de suministro extremadamente integrada entre Estados Unidos, Canadá y México, de manera que determinados componentes pueden cruzar la frontera varias veces durante el proceso de fabricación. Un arancel del 50% introduciría una presión adicional sobre una estructura que ya soporta costes elevados y obligaría a los fabricantes a replantearse proveedores, producción, logística e inventarios para reducir la exposición a las nuevas tasas.
La amenaza arancelaria llega después del fracaso de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá. Washington ha anunciado nuevos gravámenes del 50% sobre unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses, mientras Canadá prepara medidas de represalia. Trump sostiene que su política responde a lo que considera prácticas comerciales discriminatorias por parte de Canadá, especialmente en relación con los aranceles y las cuotas aplicadas a determinados vehículos estadounidenses.
A esta situación se suma la incertidumbre alrededor del T-MEC, el tratado comercial que conecta las economías de Estados Unidos, Canadá y México. Trump decidió no renovar el acuerdo en los términos previstos y lo dejó sometido a revisiones anuales mientras continúan las negociaciones. Para los fabricantes de automóviles, esta falta de visibilidad complica las decisiones de inversión a largo plazo, ya que las grandes fábricas y cadenas de suministro requieren años de planificación antes de poder trasladar una parte importante de la producción.
Toyota y Honda todavía disponen de margen para reaccionar antes del 1 de enero de 2027, fecha prevista para la entrada en vigor del nuevo arancel. Además, Trump ya ha modificado anteriormente los calendarios de otras medidas comerciales, por lo que todavía existe la posibilidad de que las negociaciones desemboquen en un acuerdo antes de que llegue la fecha límite. Sin embargo, si el 50% acaba entrando en vigor, el RAV4 y el CR-V estarán entre los modelos que más podrían sentir las consecuencias, con posibles repercusiones sobre costes, disponibilidad y precios para los conductores estadounidenses.
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