Hay coches que representan una época y el Nissan Pathfinder SE-V6 de 1988 es uno de ellos. Mucho antes de que los SUV se convirtieran en los vehículos dominantes del mercado, este modelo japonés ya apostaba por una carrocería elevada, una construcción resistente y una imagen inspirada en los todoterrenos tradicionales. Su primera generación nació en 1985 y ayudó a abrir camino a una categoría que décadas después terminaría conquistando las carreteras de todo el mundo.
La unidad que protagoniza este viaje al pasado pertenece a Hiren Patel, diseñador de Nissan, y conserva buena parte de la personalidad original del vehículo. Se trata de un ejemplar SE de dos puertas que, después de 35 años, acumulaba aproximadamente 133.000 millas, unos 214.000 kilómetros. Su propietario ha trabajado para mantenerlo en condiciones fiables y conservar su esencia ochentera, con una carrocería de líneas rectas, pasos de rueda marcados y una silueta que recuerda a la de la pick-up Nissan Hardbody.
Bajo el capó equipa un motor V6 de 3,0 litros y 12 válvulas, con inyección de combustible de tipo monopunto, capaz de desarrollar 145 CV y 225 Nm de par máximo. La unidad analizada combina este propulsor con una caja automática de cuatro velocidades y tracción a las cuatro ruedas. En su época también se ofrecía una transmisión manual de cinco marchas. No eran cifras especialmente elevadas, pero el motor destacaba por su entrega de fuerza a bajas revoluciones, una característica útil para afrontar terrenos complicados.
La arquitectura mecánica explica buena parte de su carácter. El Pathfinder compartía numerosos elementos con la pick-up Hardbody, aunque incorporaba una suspensión trasera de cinco brazos con muelles helicoidales en lugar de ballestas. Delante mantenía barras de torsión y detrás utilizaba un eje rígido. Esta configuración priorizaba la resistencia y el uso fuera del asfalto, aunque sus reacciones en carretera estaban lejos de la precisión de los SUV actuales. En superficies irregulares, la carrocería podía transmitir movimientos y balanceos que exigían una conducción suave.
El interior también conserva detalles que hoy resultan especialmente llamativos. El diseño está dominado por formas rectangulares, grandes superficies acristaladas y numerosos huecos portaobjetos. La versión SE añadía elementos de confort que eran apreciados en los años ochenta, como asientos de tapicería específica, techo solar abatible, control de crucero y elevalunas eléctricos. Incluso la apertura del portón trasero y la posibilidad de levantar únicamente la luneta reflejaban soluciones prácticas propias de aquella generación.
El rendimiento deja claro cuánto han evolucionado los todoterrenos en cuatro décadas. En las pruebas de la época, el Pathfinder necesitaba alrededor de 13 segundos para acelerar de 0 a 60 millas por hora con la transmisión automática, mientras que su velocidad de crucero resultaba más agradable en carreteras rectas y tranquilas. Hoy no puede competir con los SUV modernos en aceleración, eficiencia, seguridad activa o conectividad, pero su valor está en representar una filosofía distinta: un vehículo construido sobre una base robusta, con mecánica sencilla y una marcada orientación aventurera.
El Nissan Pathfinder lleva décadas siendo una alternativa para quienes buscan un SUV familiar espacioso, con motores potentes y capacidad para circular fuera del asfalto. Sin embargo, su trayectoria también incluye generaciones con problemas mecánicos que pueden convertir una compra de segunda mano en una operación arriesgada. Por eso, elegir correctamente el año de fabricación […]