BMW ha confirmado que sus próximos modelos eléctricos de la plataforma Neue Klasse, entre ellos el futuro i3 y el iX3, se fabricarán en San Luis Potosí (México) a partir de 2027. Sin embargo, detrás de este importante anuncio industrial se esconde una realidad mucho más compleja: la planta, concebida inicialmente para abastecer al mercado estadounidense, está reorientando su producción hacia otros destinos debido a que los vehículos fabricados en México soportan actualmente un arancel del 25 % para entrar en Estados Unidos, una tasa incluso superior al 15 % que pagan los coches importados directamente desde Alemania.
La fábrica de San Luis Potosí será una de las cuatro únicas plantas del mundo encargadas de producir la plataforma eléctrica Neue Klasse, junto con las instalaciones de Múnich, Debrecen (Hungría) y China. Para ello, BMW está ejecutando una inversión de 800 millones de euros, de los cuales más del 62 % se destinarán a una nueva planta de ensamblaje de baterías de alto voltaje, una infraestructura clave para la producción de vehículos eléctricos. La marca considera que fabricar las baterías junto a la línea de montaje reduce costes logísticos, mejora la eficiencia y simplifica el transporte de uno de los componentes más caros y delicados de un automóvil eléctrico.
Además de los futuros i3 e iX3, la planta mexicana ya produce modelos como el Serie 3, el Serie 2 Coupé y el BMW M2, acumulando más de 500.000 vehículos fabricados y generando miles de puestos de trabajo. Sin embargo, el contexto comercial ha cambiado profundamente desde que se diseñó este proyecto, obligando a BMW a revisar sus prioridades.
El gran problema para el fabricante alemán reside en la política comercial estadounidense. A pesar de que México forma parte del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los vehículos producidos allí están sujetos a un arancel del 25 % bajo la Sección 232, una situación que, según los responsables de BMW, coloca a la planta de San Luis Potosí en desventaja frente a otras fábricas del grupo. De hecho, Volkswagen también ha reclamado públicamente una igualdad de condiciones para los modelos que produce en México, mientras que Canadá mantiene sus propias disputas comerciales por esta misma cuestión.
Lejos de abandonar México, BMW ha optado por reforzar su estrategia internacional. Actualmente, solo entre el 30 % y el 40 % de la producción de San Luis Potosí se destina a Estados Unidos, mientras que una parte importante se exporta a otros mercados con los que México mantiene acuerdos comerciales, como Europa, China o diversos países de Oriente Medio. Con la recuperación del histórico nombre Neue Klasse, el mismo que salvó a BMW en la década de 1960, la compañía deja claro que esta nueva generación de eléctricos representa una apuesta estratégica de enorme importancia. Y, al mismo tiempo, evidencia que el futuro de sus coches eléctricos dependerá tanto de la innovación tecnológica como de la evolución del comercio internacional.
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