China lidera la transición mundial hacia la movilidad eléctrica, pero ese éxito está generando un desafío que pocos habían previsto. La creciente popularidad de los SUV y vehículos eléctricos de gran tamaño está acelerando el desgaste de las infraestructuras viarias, mientras que la recaudación procedente del impuesto sobre los combustibles disminuye de forma constante. Ante este escenario, Pekín estudia implantar un sistema de pago por milla recorrida para que los propietarios de coches eléctricos contribuyan directamente al mantenimiento de las carreteras.
Los datos de la Asociación China de Automóviles de Pasajeros reflejan un cambio radical en las preferencias de los consumidores. Durante el primer semestre del año, el 60% de los nuevos automóviles vendidos en el país superó los cinco metros de longitud, impulsado por el auge de SUV y monovolúmenes eléctricos de lujo. Algunos de estos modelos alcanzan las tres toneladas de peso, una cifra muy superior a la de los turismos convencionales, lo que incrementa significativamente el desgaste del asfalto y de las infraestructuras.
El problema se agrava porque el tradicional sistema de financiación del mantenimiento de las carreteras depende, en gran medida, de los impuestos sobre la gasolina y el diésel. A medida que millones de conductores abandonan los motores de combustión para pasarse a los vehículos eléctricos, esa fuente de ingresos se reduce. Según estimaciones oficiales, China afronta un déficit cercano a 300.000 millones de yuanes anuales (unos 44.000 millones de dólares) para cubrir las necesidades de mantenimiento de su red viaria, dejando miles de proyectos de reparación sin financiación.
Para solucionar este desequilibrio, las autoridades analizan diferentes fórmulas. La principal propuesta consiste en implantar un sistema de pago por kilometraje, donde los propietarios de vehículos eléctricos abonen una tarifa en función de la distancia recorrida y del tipo de vehículo. Paralelamente, el Gobierno ya ha comenzado a reducir algunos incentivos fiscales para los vehículos eléctricos e híbridos enchufables y desarrolla programas piloto, como el de la provincia de Hainan, donde determinados automóviles son monitorizados mediante sistemas de navegación para evaluar futuros modelos de cobro.
Al mismo tiempo, Pekín quiere frenar la tendencia de los fabricantes a construir coches cada vez más grandes. Las nuevas normativas de eficiencia energética penalizan a los vehículos excesivamente pesados para incentivar el uso de materiales más ligeros y diseños más aerodinámicos. Incluso medios oficiales como People’s Daily y la cadena estatal CCTV han criticado el crecimiento desmedido de estos gigantes eléctricos, asegurando que responden más a una moda comercial que a una verdadera innovación tecnológica. Todo apunta a que el futuro de la movilidad eléctrica en China no solo dependerá de las baterías, sino también de cómo financiar las carreteras que soportan su creciente peso.
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