El Mazda RX-8 llegó en abril de 2003 como el último coche de producción equipado con un motor Wankel de dos rotores. Su peculiaridad no terminaba bajo el capó, ya que incorporaba puertas traseras de apertura inversa para facilitar el acceso de cuatro adultos sin necesidad de un pilar central convencional. El motor RENESIS podía superar las 9.000 rpm y destacaba por su reducido peso, aunque el consumo de aceite y el desgaste de los sellos de los rotores exigían una atención especial. La producción terminó en 2012 con 192.094 unidades fabricadas en todo el mundo.
Ferrari presentó el Testarossa en el Salón de París de 1984, convirtiéndolo en uno de los deportivos más reconocibles de su época. Su protagonista era un V12 plano con cuatro válvulas por cilindro, mientras que los enormes conductos laterales dirigían aire hacia los radiadores situados en la parte trasera. La configuración permitía mantener un centro de gravedad bajo, aunque también obligaba a utilizar una carrocería especialmente ancha y complicaba determinadas operaciones de mantenimiento.
En 1930, Cadillac presentó el Series 452, considerado el primer automóvil de producción con un motor V16. Su propulsor de 452 pulgadas cúbicas buscaba superar en suavidad y prestigio a los motores de ocho cilindros que dominaban el mercado. El primer año alcanzó unas 2.500 unidades, pero la Gran Depresión provocó un desplome de las ventas: 750 coches en 1931 y apenas 300 en 1932. Cadillac mantuvo el V16 hasta 1940, aunque en sus últimos años la producción era extremadamente limitada.
El Saab 96 debutó en 1960 con un motor de tres cilindros y 841 cm³ de dos tiempos, una configuración que necesitaba aceite mezclado con el combustible. Su sencillez mecánica hacía que fuera difícil de calar y relativamente fácil de reconstruir, pero obligaba a los conductores a controlar la mezcla de aceite cuando no existían surtidores preparados para ello. Saab sustituyó este propulsor por un Ford V4 en 1967, convirtiendo al 96 en uno de los últimos coches europeos de producción masiva vendidos con motor de dos tiempos.
El Tatra T700, presentado en 1996 como buque insignia de la marca checa, mantuvo una solución que prácticamente había desaparecido del automóvil europeo: un V8 4.3 de doble árbol de levas, refrigerado por aire y montado detrás del eje trasero. La potencia se enviaba a las ruedas posteriores y la configuración procedía de una tradición técnica que Tatra había desarrollado desde los años 30. El modelo continuó una filosofía prácticamente inexistente entre las berlinas occidentales modernas.
El Chevrolet Corvair se fabricó entre los años modelo 1960 y 1969 y utilizó una configuración que no volvió a repetirse en la producción masiva de General Motors: un seis cilindros bóxer refrigerado por aire montado en la parte trasera. Esta arquitectura permitía aprovechar el espacio de una manera diferente a los rivales con motor delantero. Sin embargo, la suspensión trasera de los primeros ejemplares recibió críticas por cuestiones de comportamiento y seguridad, lo que marcó profundamente la reputación del modelo.
El Bugatti Veyron 16.4 llevó la búsqueda de configuraciones extraordinarias hasta un nivel difícil de repetir. Su motor W16 de 8,0 litros con cuatro turbocompresores puede entenderse conceptualmente como dos V8 de ángulo estrecho unidos en una misma arquitectura, con 64 válvulas y cuatro árboles de levas. Alcanzaba 1.001 CV y 1.250 Nm, mientras que el enorme esfuerzo térmico obligó a instalar diez radiadores. La complejidad de este propulsor convirtió al Veyron en un caso prácticamente único entre los coches de producción.
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