El Mazda RX-7 se convirtió en el gran referente del motor Wankel al utilizar un propulsor de dos rotores durante sus tres generaciones. Su tamaño compacto permitió colocar la mecánica en una posición baja y adelantada, contribuyendo a conseguir un reparto de pesos muy equilibrado. Su producción se prolongó durante más de dos décadas, más que la de cualquier otro modelo de motor rotativo, y la última generación llegó a incorporar turboalimentación y algunas de las mayores cifras de potencia alcanzadas por Mazda con esta tecnología. Su longevidad demostró que el Wankel podía utilizarse en un deportivo de producción y no solamente como experimento de ingeniería.
El Mazda RX-8 llevó el concepto rotativo a una configuración mucho más práctica gracias a sus cuatro plazas y puertas traseras de apertura invertida. Estas pequeñas puertas podían abrirse después de las delanteras y permitían acceder a las plazas traseras sin necesidad de un pilar B convencional. Bajo el capó se encontraba el motor Renesis, que utilizaba puertos laterales de admisión para mejorar las emisiones y podía superar las 9.000 rpm. El RX-8 se convirtió así en el último modelo de producción generalista que ofreció un motor rotativo atmosférico a compradores convencionales.
El Mazda Cosmo 110S fue el coche con el que la marca japonesa demostró que un motor Wankel de dos rotores podía utilizarse en un automóvil de producción. Mazda comenzó a fabricarlo en 1967 y produjo poco más de un millar de unidades, convirtiéndolo en un modelo extremadamente exclusivo. Su carrocería baja, larga y afilada estaba diseñada alrededor de las reducidas dimensiones del nuevo propulsor, situado detrás del eje delantero. El proyecto funcionó y sentó las bases para que Mazda continuara desarrollando motores rotativos durante las siguientes cuatro décadas.
El Mazda RX-3, conocido en Japón como Savanna, consiguió una de las hazañas más recordadas de los primeros años de los motores rotativos en competición. Su propulsor compacto de dos rotores tenía menos cilindrada que los motores de pistones de sus rivales, pero compensaba esa desventaja con un menor peso y una capacidad para girar a regímenes muy elevados. En los primeros años de la década de 1970 consiguió romper la racha de victorias del Nissan Skyline GT-R en los campeonatos japoneses de turismos. Aquella reputación convirtió posteriormente al RX-3 en uno de los clásicos japoneses más buscados por los aficionados.
El NSU Ro 80 fue una de las apuestas más ambiciosas por el motor rotativo fuera de Japón. Su motor Wankel de dos rotores se combinaba con una carrocería extremadamente aerodinámica y adelantada a su época, pero los problemas de desgaste de los sellos del rotor terminaron dañando gravemente la reputación del modelo. NSU tuvo que afrontar numerosas sustituciones de motores durante los primeros años y los costes derivados de las garantías contribuyeron a las dificultades económicas de la compañía. El Ro 80 quedó así como una de las grandes demostraciones de las posibilidades del Wankel, pero también como una advertencia sobre los problemas de fiabilidad que todavía tenía esta tecnología.
Citroën equipó al GS Birotor con un motor de dos rotores Comotor desarrollado conjuntamente con NSU, manteniendo además la característica suspensión hidroneumática de la familia GS. Apenas se fabricaron algo más de 800 unidades antes de que la crisis del petróleo de 1973 golpeara con fuerza a un automóvil con un consumo elevado para aquella época. Citroën terminó recomprando y destruyendo numerosos ejemplares que permanecían sin vender para evitar tener que mantenerlos a largo plazo. Por eso, el GS Birotor se convirtió con el paso del tiempo en uno de los Citroën clásicos más raros y difíciles de encontrar.
Mazda utilizó el Luce como uno de sus grandes modelos de representación equipados con motor rotativo, mientras que en Norteamérica fue comercializado con el nombre RX-4 para integrarlo dentro de la reconocible familia de modelos Wankel de la marca. También existió una variante coupé relacionada, el R130, que apostaba por una imagen más deportiva. La estrategia demuestra hasta qué punto Mazda había convertido el motor rotativo en una parte fundamental de su identidad internacional durante aquella época. El nombre Luce acabó perdiendo protagonismo fuera de Japón, pero su vínculo con el RX-4 mantiene vivo su lugar dentro de la historia del Wankel.
El Mazda 787B llevó el motor rotativo hasta su máxima expresión en competición. Su motor R26B de cuatro rotores consiguió la victoria absoluta en las 24 Horas de Le Mans de 1991, convirtiéndolo en el único automóvil con motor rotativo que ha ganado la prueba en la clasificación general. Su espectacular decoración naranja y verde de Renown se convirtió además en una de las imágenes más reconocibles de la historia de la resistencia. Poco después, los reglamentos deportivos limitaron el uso de los motores rotativos en las categorías superiores, haciendo que el triunfo del 787B en Le Mans quedara como una hazaña histórica que no puede repetirse bajo las reglas actuales.
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