Honda convirtió la practicidad familiar en algo todavía más útil al integrar un aspirador HondaVAC de 432 vatios directamente en la zona de carga de la Odyssey. El sistema utiliza la instalación eléctrica de 12 voltios del vehículo y cuenta con una manguera de aproximadamente 2,4 metros, suficiente para alcanzar la tercera fila, los huecos delanteros y buena parte del suelo del maletero.
La idea tiene todo el sentido en un monovolumen destinado a familias. Entre sillas infantiles, juguetes, equipamiento deportivo y restos de comida, mantener limpio el habitáculo puede convertirse en una tarea constante. Con el HondaVAC, Honda convirtió una parada en una gasolinera en una tarea que podía hacerse directamente en casa y en cuestión de minutos.
Rolls-Royce llevó la atención por el detalle a otro nivel con el Phantom VII, que incorporaba compartimentos específicos para paraguas en las puertas traseras. Cada uno escondía un paraguas diseñado para deslizarse dentro de su alojamiento y quedar protegido hasta el siguiente uso.
El sistema incluía un recubrimiento de teflón, pensado para facilitar la introducción del paraguas mojado sin empapar el interior de la puerta. Era una solución especialmente apropiada para los pasajeros que utilizaban el Phantom con chófer, ya que permitía salir del vehículo bajo la lluvia sin tener que transportar un paraguas convencional desde el interior.
Antes de que Rolls-Royce popularizara este concepto en sus modelos de lujo, Skoda ya había encontrado una forma mucho más sencilla y práctica de hacerlo. El Superb incorporó un paraguas integrado en un compartimento resistente al agua situado en la puerta del conductor.
El alojamiento estaba diseñado para que el agua pudiera drenarse hacia el exterior, evitando que el paraguas mojado terminara empapando las alfombrillas. La solución se convirtió en uno de los ejemplos más reconocibles de la filosofía Simply Clever de Skoda y, posteriormente, llegó a otros modelos y a determinadas puertas traseras.
Bentley demostró que un gadget de fábrica también podía alcanzar niveles de lujo difíciles de imaginar. El Bentayga podía equiparse con un reloj Mulliner Tourbillon fabricado por Breitling, integrado directamente en el salpicadero y equipado con un mecanismo tourbillon volante.
El reloj estaba protegido por una caja de oro macizo y su precio como opción rondaba los 160.000 dólares. En otras palabras, el reloj podía costar más que muchos automóviles completos. Bentley utilizó esta pieza como una demostración de las posibilidades de personalización de Mulliner y de hasta dónde podía llegar un cliente con suficiente presupuesto.
Mucho antes de las pantallas táctiles y los sistemas multimedia digitales, Chrysler intentó convertir el automóvil en una auténtica sala de música. A finales de los años 50 ofreció el sistema Highway Hi-Fi, un tocadiscos instalado bajo el salpicadero que utilizaba discos especiales de 7 pulgadas reproducidos a 16⅔ rpm.
El mecanismo incorporaba soluciones destinadas a soportar mejor las vibraciones de la conducción y utilizaba un brazo especialmente diseñado. Aun así, los baches podían provocar saltos en la reproducción. Columbia Records llegó a producir títulos específicos para el sistema, pero la tecnología terminó desapareciendo cuando los formatos de cinta ofrecieron una alternativa mucho más práctica.
Tesla convirtió la pantalla central del Model 3 en mucho más que un sistema de navegación y entretenimiento. La marca incorporó Caraoke, una función que muestra las letras de las canciones y permite reproducir música con una pista vocal modificada a través de los altavoces del vehículo.
El sistema está pensado para utilizarse con el coche estacionado, evitando que el conductor pueda distraerse durante la marcha. Más que un simple accesorio, Caraoke representa la filosofía de Tesla de utilizar las actualizaciones de software para añadir funciones que tradicionalmente habrían requerido equipamiento físico.
El Jeep Gladiator también escondía una solución poco convencional: un altavoz Bluetooth resistente al agua que podía instalarse detrás de los asientos traseros y extraerse para utilizarlo fuera de la pick-up.
El propietario podía llevarlo hasta un camping, una playa o una zona de reunión y reproducir música sin necesidad de mantenerlo conectado físicamente al vehículo. Después, el altavoz podía volver a colocarse en su soporte para continuar el viaje. Una solución que encajaba perfectamente con el carácter aventurero del Gladiator.
Ford introdujo en el Explorer de 2011 una de las soluciones de seguridad más curiosas de esta lista: cinturones de seguridad traseros inflables. El sistema incorporaba una especie de airbag tubular dentro de la propia banda del cinturón, aumentando la superficie sobre la que se distribuían las fuerzas producidas durante una colisión.
El dispositivo podía inflarse en aproximadamente 40 milisegundos, proporcionando una protección adicional a los pasajeros de las plazas traseras. Ford lo desarrolló especialmente pensando en familias y pasajeros de mayor edad, demostrando que incluso un elemento tan convencional como un cinturón podía convertirse en una pieza de tecnología avanzada.
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