El Chevrolet Malibu ha sido durante más de dos décadas una de las alternativas más conocidas para las familias estadounidenses que buscaban un sedán espacioso y asequible. Su desaparición supone mucho más que el adiós a un modelo, ya que General Motors se queda sin un sedán medio convencional en su gama. La compañía ha decidido concentrar sus recursos en SUV, crossovers y vehículos eléctricos, sin un sustituto directo previsto para ocupar su lugar.
El Dodge Hornet apenas ha necesitado unos años para convertirse en uno de los modelos que abandonan la gama estadounidense. Concebido para competir en el competitivo segmento de los SUV compactos, compartía buena parte de su tecnología con el Alfa Romeo Tonale y llegó incluso a ofrecer una variante híbrida enchufable. Sin embargo, sus ventas quedaron lejos de las expectativas y su precio complicó todavía más su posición, por lo que Dodge ha optado por prescindir de él.
El Acura TLX representaba una alternativa diferente dentro del mercado premium estadounidense, combinando comportamiento deportivo, espacio interior y un precio inferior al de muchos rivales alemanes. El problema es que el mercado ha cambiado y los compradores de Acura se están decantando cada vez más por SUV como los MDX y RDX. Su desaparición deja todavía más reducida la presencia de las berlinas tradicionales dentro de la marca de lujo de Honda.
El Cadillac XT6 intentó ocupar el espacio existente entre el XT5 y el enorme Escalade, ofreciendo tres filas de asientos y un enfoque claramente familiar. Sin embargo, su posición dentro de la gama terminó siendo complicada por la proximidad con otros productos de Cadillac. La marca ha decidido simplificar su estrategia y concentrarse en sus nuevos modelos eléctricos y en la familia Escalade, dejando atrás este SUV de tres filas.
El Ford F-150 Lightning llegó como uno de los lanzamientos eléctricos más importantes de la industria estadounidense, trasladando el conocido nombre F-150 al mundo de las baterías. Sin embargo, la demanda de pick-ups eléctricas no alcanzó las previsiones iniciales y los elevados costes de las baterías complicaron su rentabilidad. Ford ha optado por replantear su estrategia eléctrica y preparar una nueva generación de productos en lugar de mantener indefinidamente el programa actual.
El Jaguar F-Pace fue durante años uno de los pilares comerciales de la firma británica y llegó a convertirse en uno de sus modelos más vendidos. Su desaparición está directamente relacionada con la profunda transformación que está experimentando Jaguar, que pretende abandonar buena parte de su gama tradicional para convertirse en una marca eléctrica de lujo mucho más exclusiva. El F-Pace será, por tanto, uno de los últimos representantes de la etapa convencional de Jaguar.
El Nissan Versa ha desempeñado durante años un papel fundamental para quienes buscaban acceder a un automóvil nuevo gastando lo mínimo posible. Su reducido precio, tamaño compacto y planteamiento sencillo le permitieron mantenerse en un mercado cada vez más dominado por los SUV. Sin embargo, la caída de la demanda de los pequeños sedanes y el aumento de los costes derivados de las normativas han hecho cada vez más difícil mantener este tipo de vehículos rentables.
El Subaru Legacy se despide después de más de tres décadas de presencia en Estados Unidos, donde consiguió una base fiel gracias a su tracción integral de serie y su capacidad para enfrentarse a condiciones meteorológicas complicadas. El problema es que incluso una propuesta tan diferenciada ha quedado eclipsada por los SUV y crossovers, mucho más demandados actualmente. Con su desaparición, Subaru reduce todavía más su oferta de berlinas y confirma el cambio definitivo de prioridades del mercado estadounidense.
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