Amazon entró de lleno en el negocio de los vehículos autónomos en 2020 con la adquisición de Zoox por 1.200 millones de dólares. La operación permitió al gigante tecnológico reforzar su posición en un sector que aspira a transformar el transporte urbano. Desde entonces, Zoox ha desarrollado un vehículo específicamente concebido como robotaxi, en lugar de adaptar un automóvil convencional para añadirle tecnología de conducción autónoma.
El movimiento de Amazon llega en un momento de fuerte crecimiento para la movilidad autónoma. Las previsiones sitúan el mercado mundial de los robotaxis en unos 19.000 millones de dólares para 2030, lo que explica la carrera entre las principales compañías tecnológicas y fabricantes por conseguir una posición dominante. Para Zoox, convertir sus pruebas en un servicio comercial es un paso fundamental para demostrar que su particular concepto puede funcionar a gran escala.
La competencia no se lo pondrá fácil. Waymo opera alrededor de 4.000 vehículos dentro de su negocio de robotaxis, convirtiéndose en uno de los principales rivales de Zoox en Estados Unidos. La diferencia de escala demuestra el desafío que tiene por delante la empresa de Amazon, que necesita aumentar rápidamente su flota si quiere competir por un mercado que todavía está en sus primeras etapas.
El crecimiento de los robotaxis está acompañado por debates sobre la supervisión de los sistemas de conducción autónoma y el uso de los datos de percepción. En el caso de las operaciones sin conductor de Tesla, el acceso y tratamiento de determinados datos de percepción plantea interrogantes regulatorios. Estas cuestiones forman parte de una discusión más amplia sobre cómo deben supervisarse los vehículos capaces de circular sin intervención humana y qué información debe estar sometida a control.
El salto más importante de Zoox llega con el inicio de los viajes de pago en San Francisco y Las Vegas. Sus vehículos están diseñados desde cero para funcionar sin conductor y prescinden de elementos tradicionales como volante, pedales y salpicadero. Los pasajeros se sientan dentro de una cabina concebida específicamente para el transporte autónomo, mientras el vehículo se encarga de la conducción sin que una persona tenga que tomar el control.
A pesar de las novedades, Zoox no abandona uno de los rasgos más reconocibles de su vehículo: su carrocería de formas cuadradas y aspecto simétrico. El diseño permite aprovechar el espacio interior y refuerza la idea de que no se trata de un coche tradicional convertido en robotaxi. La actualización se concentra especialmente en la experiencia de los pasajeros, manteniendo una silueta que ya se ha convertido en la imagen característica de Zoox.
La experiencia de viajar en un vehículo sin volante ni pedales continúa provocando reacciones muy diferentes. Algunos pasajeros reciben el viaje con entusiasmo y curiosidad, mientras otros reconocen cierta sensación de inquietud al comprobar que nadie está sentado al volante. Para algunos, la experiencia llega a parecerse a algo sacado de una película de ciencia ficción, una reacción que refleja hasta qué punto los robotaxis todavía representan un cambio radical frente al transporte convencional.
La actualización introduce asientos más ergonómicos, un interior con tonos más claros, portavasos más grandes y pantallas táctiles mejoradas, cambios desarrollados a partir de los comentarios de quienes ya han utilizado el servicio. Al mismo tiempo, Zoox pretende acelerar la producción en California hasta alcanzar 100 vehículos por semana y ampliar su flota durante 2026, siempre condicionada a las autorizaciones regulatorias. Los viajes de pago en San Francisco y Las Vegas representan así el siguiente paso de una estrategia que busca convertir el robotaxi sin volante en un servicio de transporte a mayor escala.
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