Ford apostó por sistemas basados en inteligencia artificial para controlar la calidad de sus vehículos, pero el planteamiento no consiguió detectar determinados defectos antes de que los coches salieran de producción. En algunos casos, los problemas aparecían cuando los vehículos ya habían sido fabricados, obligando a la compañía a reaccionar posteriormente. Esta detección tardía contribuyó al aumento de las llamadas a revisión y a unos costes de reparación y gestión considerablemente mayores. La experiencia llevó a Ford a replantearse hasta qué punto la automatización podía sustituir el criterio de trabajadores con décadas de experiencia.
El cambio de estrategia refleja el reconocimiento de Ford de que reemplazar trabajadores humanos por sistemas automatizados no produjo los resultados esperados. La compañía comprobó que la inteligencia artificial podía analizar grandes cantidades de información y automatizar determinadas tareas, pero no siempre era capaz de identificar los matices que un especialista experimentado puede detectar durante el desarrollo de un vehículo. Por ello, la marca comenzó a recuperar un modelo en el que la tecnología sirve como herramienta de apoyo, mientras que la experiencia humana vuelve a ocupar un papel fundamental en las decisiones relacionadas con la calidad.
La incapacidad para identificar algunos defectos durante las primeras fases del desarrollo terminó teniendo consecuencias económicas importantes para Ford. La compañía alcanzó cifras récord de llamadas a revisión, con unos costes que llegaron a representar miles de millones de dólares. Cada defecto detectado después de que los vehículos llegasen al mercado implica más que una simple reparación: también puede afectar a la logística, las piezas, los concesionarios y la confianza de los clientes. Por eso, Ford busca ahora trasladar el esfuerzo hacia las etapas iniciales del proceso, donde solucionar un problema resulta mucho más sencillo y barato.
Para cambiar esta situación, Ford ha impulsado la contratación de aproximadamente 350 especialistas veteranos, conocidos internamente como los “gray beards”, una referencia a sus muchos años de experiencia en la industria. Estos profesionales regresan para aportar conocimientos que no siempre pueden ser sustituidos por algoritmos o herramientas digitales. Su experiencia acumulada les permite reconocer patrones, anticipar problemas y cuestionar decisiones técnicas antes de que las piezas entren en producción. El objetivo es recuperar una parte esencial del conocimiento institucional que se había perdido durante el avance hacia procesos cada vez más automatizados.
El papel de estos ingenieros veteranos no consiste simplemente en solucionar averías una vez que aparecen. Su principal misión es detectar y corregir problemas antes de que las piezas lleguen a la línea de producción. Esta filosofía preventiva supone un cambio importante respecto a un modelo basado en reaccionar después de descubrir un defecto. Al intervenir durante el desarrollo, los especialistas pueden analizar componentes, procesos y diseños y evitar que un error termine convertido en un problema que afecte a miles de vehículos fabricados.
Los especialistas técnicos de Ford ya han aplicado cientos de correcciones de diseño antes del comienzo de la producción, utilizando su experiencia para identificar puntos débiles durante las fases previas. Estas modificaciones buscan impedir que los defectos lleguen al vehículo terminado, reduciendo así la posibilidad de futuras llamadas a revisión. La estrategia demuestra que pequeñas correcciones realizadas durante el desarrollo pueden tener un impacto enorme cuando se aplican antes de que un modelo entre en fabricación a gran escala.
Ford atribuye parte de su mejora en calidad precisamente a este cambio de enfoque: detectar los problemas lo antes posible. En lugar de esperar a que un vehículo terminado revele un defecto, los equipos técnicos intentan localizarlo durante el diseño, las pruebas y la preparación de la producción. Esta metodología permite solucionar los problemas cuando todavía no han llegado al cliente y evita que una pequeña deficiencia termine transformándose en una campaña de revisión de grandes dimensiones. La prevención se convierte así en una pieza central de la estrategia de calidad de la compañía.
La nueva estrategia no significa necesariamente abandonar la inteligencia artificial ni las herramientas automatizadas, sino combinarlas con el criterio de los profesionales más experimentados. Los “gray beards” están formando y asesorando a empleados más jóvenes, transmitiendo conocimientos acumulados durante décadas para crear equipos capaces de aprovechar las ventajas de la tecnología sin perder el juicio humano. Ford busca así construir un sistema de calidad en el que la automatización aporte velocidad y análisis, mientras la experiencia humana ayude a interpretar los problemas y anticiparse a ellos, con la intención de reducir futuras llamadas a revisión y mantener el ahorro de costes a largo plazo.
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