El Ford Mustang Mach 1 recuperó una de las denominaciones más legendarias de la marca con un espectacular motor V8 de 5.0 litros y 480 CV, pero también con un comportamiento dinámico muy superior al de sus antecesores. Gracias a la suspensión adaptativa MagneRide, el diferencial autoblocante y una puesta a punto específica, este Mustang demostró que un muscle car también puede destacar enlazando curvas con enorme precisión.
El Chevrolet Camaro ZL1 llevó el concepto de muscle car a un nuevo nivel gracias a su motor V8 sobrealimentado de 650 CV y a un sofisticado sistema Magnetic Ride Control capaz de adaptar la suspensión en tiempo real. Su aerodinámica, el excelente reparto de pesos y un chasis afinado le permitieron competir de tú a tú con deportivos europeos mucho más caros.
Aunque el Dodge Challenger R/T Scat Pack es uno de los muscle cars más grandes del mercado, su motor HEMI V8 de 6,4 litros y 485 CV se combina con una suspensión deportiva, una amplia batalla y una puesta a punto que mejora notablemente su estabilidad. Incluso en carreteras reviradas consigue ofrecer una conducción mucho más ágil de lo que su tamaño hace imaginar.
El Pontiac Firebird Trans Am fue uno de los modelos que demostró que los muscle cars podían ofrecer algo más que aceleración. Equipado con el conocido motor LS1 V8 en sus últimas generaciones, también incorporó mejoras en suspensión, frenos y dirección que elevaron considerablemente su comportamiento dinámico, convirtiéndose en uno de los grandes iconos deportivos estadounidenses.
Con el Chevrolet Corvette C8, General Motors rompió definitivamente con la tradición al apostar por un motor central trasero. Esta revolucionaria configuración mejoró el reparto de pesos, permitió una mayor precisión en curva y elevó sus prestaciones hasta el nivel de muchos superdeportivos europeos, todo ello manteniendo un precio muy competitivo dentro del segmento.
El Shelby GT350 es uno de los mejores ejemplos de cómo la ingeniería puede transformar un muscle car. Su espectacular V8 atmosférico de 5,2 litros con cigüeñal plano —una solución técnica utilizada en numerosos monoplazas de Fórmula 1— entrega 526 CV y una respuesta excepcional. Unido a un chasis desarrollado para circuito, una suspensión específica y una aerodinámica muy trabajada, se convirtió en uno de los Ford más precisos jamás fabricados.
El Dodge Charger Widebody consiguió combinar el carácter de una gran berlina familiar con el ADN de un auténtico muscle car. Su motor HEMI V8 de 485 CV, la carrocería ensanchada y una suspensión adaptativa mejoraron significativamente el agarre y la estabilidad en curva. El resultado fue un vehículo capaz de ofrecer un elevado nivel de confort sin perder la contundencia y el carácter que siempre han definido a Dodge.
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