El BMW M3 E36 Lightweight fue uno de sus favoritos, con solo 126 unidades producidas. Su peso reducido de 2.949 libras y enfoque track-day lo convertían en una pieza casi de competición homologada para calle.
El Mustang Boss 302 de 2013 de Walker estaba preparado para pista con jaula de seguridad, aerodinámica mejorada y chasis reforzado, reflejando su pasión por la conducción extrema.
El Ford GT de 2005, potenciado hasta unos 800 CV con compresor Whipple, reinterpretaba el mítico GT40 de Le Mans, una referencia directa a la historia dorada de la resistencia.
El BMW M3 E30, homologación de competición con motor 2.3 de 200 CV, representaba la esencia de los deportivos analógicos, con una aerodinámica optimizada y peso pluma.
El Nissan R32 Skyline GT-R de Walker era pura cultura JDM. Con su sistema de tracción total y enorme potencial de preparación, se convirtió en uno de los pilares del tuning moderno global.
El Ferrari 360 Challenge Stradale con motor V8 de unos 420 CV era una versión radical enfocada a circuito, con tecnología heredada directamente de la competición GT.
El Audi S4 B5 combinaba un V6 biturbo de 250 CV con tracción quattro, demostrando que un coche aparentemente discreto podía ofrecer prestaciones de auténtico deportivo.
El Nissan 370Z de 2009, usado en Fast Five, fue modificado con estética AE Performance y se convirtió en uno de los modelos más valiosos tras su subasta.
El Ferrari Testarossa aportaba el toque clásico a su colección con su diseño Pininfarina y su V12 capaz de alcanzar 180 mph, símbolo absoluto de los superdeportivos analógicos.
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