El Jeep Grand Cherokee ofrece un excelente comportamiento fuera del asfalto y un diseño muy atractivo, pero las unidades fabricadas entre 2015 y 2020 acumulan numerosos problemas eléctricos y fallos en la transmisión automática de ocho velocidades. Muchos propietarios han sufrido cuadros de instrumentos que dejan de funcionar, múltiples campañas de revisión y reparaciones que pueden superar fácilmente los 4.000 dólares.
El Ford Explorer fue durante años uno de los SUV familiares más vendidos, aunque las versiones de 2011 a 2019 presentan un historial de fiabilidad irregular. Los motores EcoBoost 2.3 y 3.5 destacan por los problemas en la cadena de distribución, cuyas reparaciones pueden costar entre 3.000 y 5.000 dólares, además de averías frecuentes en la suspensión y el sistema eléctrico.
El Chevrolet Traverse ofrece mucho espacio para la familia, pero las primeras generaciones presentan graves problemas de transmisión automática y un elevado consumo de aceite. Numerosos propietarios informan de averías en la caja de cambios entre los 130.000 y 190.000 kilómetros, con facturas que superan con facilidad los 4.000 dólares.
El Dodge Durango destaca por su diseño y sus potentes motores, especialmente las versiones Hemi V8, pero los problemas mecánicos, eléctricos y de transmisión son habituales en los modelos fabricados entre 2011 y 2018. Además, tanto las piezas como la mano de obra suelen tener un coste elevado, incrementando considerablemente el gasto de mantenimiento.
Las generaciones del Nissan Pathfinder producidas entre 2013 y 2020 arrastran una de las averías más conocidas del mercado: los fallos de la transmisión CVT. Muchas unidades presentan problemas antes de alcanzar los 160.000 kilómetros, y sustituir la caja de cambios puede superar los 5.000 dólares, incluso en vehículos aparentemente bien conservados.
El Volkswagen Atlas destaca por su amplitud y una imagen más sofisticada, pero las primeras unidades comercializadas entre 2018 y 2020 registran averías relacionadas con la bomba de agua, la cadena de distribución, la transmisión y diversos sistemas eléctricos. Además, el coste de las piezas europeas hace que las reparaciones sean notablemente más caras que en muchos rivales.
El GMC Acadia utiliza la misma plataforma que el Chevrolet Traverse, por lo que también hereda sus problemas de motor y transmisión. Las bajas puntuaciones en fiabilidad y las costosas reparaciones convierten a estas versiones en una compra de riesgo para quienes buscan un SUV usado con pocos problemas mecánicos.
Aunque Hyundai ha mejorado notablemente la calidad de sus modelos más recientes, los Santa Fe fabricados entre 2013 y 2018, especialmente con motores 2.0 Turbo y 2.4 litros, han protagonizado numerosos casos de averías graves e incluso gripados de motor. Algunas campañas de revisión ayudaron a solucionar parte de los problemas, pero muchas unidades siguen generando dudas sobre su fiabilidad a largo plazo.
El Mitsubishi Outlander suele ofrecer precios muy atractivos en el mercado de ocasión, pero los problemas de la transmisión CVT, la elevada depreciación y la dificultad para encontrar determinadas piezas hacen que su mantenimiento resulte más caro de lo esperado. Además, la reducción de la red de concesionarios en algunos mercados puede alargar los tiempos de reparación y aumentar aún más los costes.
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