Los primeros Tesla Model S y Model X están alcanzando el final de su garantía de batería de ocho años, dejando a sus propietarios expuestos al coste completo de una eventual sustitución. Muchos de estos vehículos acumulan ya un kilometraje elevado y, al tratarse de las primeras generaciones de Tesla, sus baterías son ahora uno de los componentes que más preocupan a los propietarios.
El problema aparece cuando se produce una avería importante fuera de garantía. Algunos propietarios de Tesla antiguos han recibido presupuestos de entre 13.000 y 22.000 dólares para sustituir la batería, unas cantidades que pueden resultar difíciles de justificar cuando el vehículo tiene muchos kilómetros. En determinados casos, la factura puede acercarse al valor total de mercado del automóvil.
A pesar de estas cifras, los datos disponibles muestran que la degradación de las baterías de Tesla no implica necesariamente una pérdida rápida de autonomía. Diferentes datos de flotas y casos de vehículos con mucho kilometraje indican que muchos packs conservan entre el 80 % y el 90 % de su capacidad original después de superar las 150.000 millas. El problema, por tanto, no es únicamente el desgaste gradual, sino las averías puntuales que pueden obligar a realizar una reparación mucho más cara.
Las baterías de Tesla tienden a experimentar una reducción más notable de capacidad durante los primeros años de utilización, después de la cual la degradación suele ralentizarse. Esto significa que un vehículo puede perder una parte de su autonomía relativamente pronto y posteriormente mantener una capacidad más estable durante muchos kilómetros. La evolución real, sin embargo, depende de las condiciones de uso y del tipo de batería instalado.
La duración de una batería no depende exclusivamente de los kilómetros recorridos. Factores como la temperatura, los hábitos de carga y la química de las celdas pueden influir considerablemente en su degradación. Las condiciones climáticas extremas pueden afectar al rendimiento y, a largo plazo, las diferencias en el uso del vehículo pueden explicar por qué dos Tesla con un kilometraje similar presentan estados de batería diferentes.
No todas las baterías utilizadas por Tesla tienen la misma química. Los packs basados en celdas de fosfato de hierro y litio (LFP) han demostrado una mayor durabilidad en determinados escenarios de kilometraje frente a las químicas basadas en níquel. Esta diferencia puede traducirse en una mejor conservación de la capacidad a largo plazo, aunque depende del modelo, la batería concreta y las condiciones de utilización.
Parte del elevado coste de reparación de los Tesla más antiguos está relacionado con sus grandes baterías basadas en químicas de níquel. Estos packs tienen una capacidad considerable y una arquitectura más costosa que algunas soluciones posteriores. Cuando el daño afecta a una parte importante de la batería, sustituir el conjunto completo puede convertirse en una reparación desproporcionada respecto al valor actual de un vehículo con muchos años y kilómetros.
Antes de instalar una batería nueva, existen alternativas que pueden reducir considerablemente la factura. Algunos talleres independientes especializados en vehículos eléctricos pueden reparar módulos concretos o utilizar baterías reacondicionadas, aunque la disponibilidad y la calidad de estas soluciones varían según la ubicación. Para los Tesla cuyo valor de mercado es inferior a 20.000 dólares, también puede utilizarse como referencia que una reparación que supere aproximadamente el 50-60 % de su valor de reventa empieza a resultar difícil de justificar económicamente.
Cuando un Tesla antiguo necesita sustituir su batería fuera de garantía, la reparación puede alcanzar una parte considerable del valor total del vehículo. En determinados Model S y Model X de primera generación, una factura de cinco cifras puede hacer que el propietario tenga que comparar cuidadosamente el coste de reparar el coche con su valor de mercado y con el precio de buscar otra unidad usada.
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