Ser propietario de un coche en Estados Unidos nunca había resultado tan complejo como en la actualidad. El aumento del precio de los combustibles, el fuerte endeudamiento de millones de conductores y la reducción de incentivos para opciones como los vehículos eléctricos o el transporte alternativo están configurando una tormenta perfecta para los automovilistas. A este escenario se suma la decisión de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de dejar de actualizar determinados datos sobre el impacto medioambiental de los coches eléctricos, una medida que ha generado críticas entre expertos y organizaciones científicas.
Uno de los mayores problemas afecta a quienes financiaron la compra de un automóvil durante la pandemia. Los elevados precios registrados en aquellos años han provocado que casi un tercio de los propietarios estadounidenses tenga actualmente un préstamo superior al valor real de su vehículo, una situación conocida como patrimonio negativo. De media, estos conductores deben alrededor de 8.600 dólares más de lo que realmente vale su coche, lo que dificulta venderlo, cambiarlo o refinanciar la deuda sin asumir importantes pérdidas económicas.
Mientras tanto, el mercado tampoco ofrece demasiadas alternativas. Los precios de la gasolina siguen siendo elevados y el Gobierno federal ha endurecido su postura hacia distintas soluciones de movilidad sostenible. La EPA dejó de actualizar los datos oficiales que comparaban las emisiones de los vehículos eléctricos con las de los modelos de gasolina, aunque estudios de la Unión de Científicos Preocupados sostienen que los coches eléctricos continúan generando menos emisiones que los de combustión en el 96% de las regiones con red eléctrica de Estados Unidos. Paralelamente, algunas administraciones estatales también han endurecido las regulaciones sobre determinados vehículos eléctricos ligeros, como bicicletas y ciclomotores.
Pese a este contexto, la movilidad eléctrica continúa atrayendo fuertes inversiones en otros segmentos. La startup india River ha conseguido recaudar 120 millones de dólares para ampliar la producción de su ciclomotor eléctrico Indie, conocido como el «SUV de las scooters» por su robustez y capacidad de carga. Al mismo tiempo, Moove, empresa especializada en la gestión de flotas para plataformas de movilidad, obtuvo 250 millones de dólares en una nueva ronda de financiación que impulsará su expansión en el negocio de los robotaxis, donde ya colabora con Waymo en varias ciudades de Estados Unidos.
Todo ello refleja un momento de transición para la industria del automóvil. Mientras millones de estadounidenses afrontan el peso de préstamos elevados y unos costes de utilización cada vez mayores, la inversión y la innovación comienzan a desplazarse hacia nuevas formas de movilidad eléctrica y autónoma. El futuro del transporte parece avanzar con rapidez, pero para muchos conductores estadounidenses el presente continúa marcado por la incertidumbre económica y el aumento del coste de mantener un vehículo propio.
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