Comparada a lo que se pagó por el Bugatti Type 57SC Atlantic de 1936, la suma entregada por el Ferrari 250 Testa Rossa en 2009 resulta “pequeña” pues fue superada por más del doble. Asciende a una línea más allá de los 30 millones de dólares. Por el momento se desconoce la cifra exacta pero se asegura que está entre los 30 y los 40.
El Atlantic, del cual se desconoce su nuevo propietario, pertenecía a Peter Williamson, difunto coleccionista de Bugatti cuya familia ahora deja ir a lo que muchos podrían considerar como la joya más valiosa entre sus autos.
Rumores apuntan que el museo Mullin Automotive, en California, es quien se hará cargo de este testimonio de una de las cúspides de la belleza y la exclusividad en la historia del automóvil.