La transmisión manual está regresando al mundo de los superdeportivos. El fenómeno quedó claro durante la Monterey Car Week, donde varios modelos nuevos aparecieron con tres pedales. La tendencia resulta sorprendente porque el cambio manual apenas representa alrededor del 1 % de las ventas de coches nuevos en Estados Unidos. Aun así, entre los deportivos más exclusivos vuelve a ser un elemento muy deseado.
Ferrari fue una de las marcas que reabrió este debate con el 12Cilindri Manuale. Su sistema utiliza tecnología electrónica para reproducir las sensaciones de un cambio manual junto con un pedal de embrague. Poco después, McLaren presentó el MCL 6GT con una transmisión que la marca define como un cambio manual auténtico. Para McLaren, supone recuperar una configuración que no utilizaba desde el mítico F1 de 1992.

La tendencia también ha llegado a fabricantes todavía más exclusivos. Hennessey presentó el Blackbird, un hiperdeportivo atmosférico con seis velocidades y un precio inicial de 2,5 millones de dólares. Gordon Murray Special Vehicles mostró el S1, con un V12 Cosworth de 690 CV y cambio manual. Koenigsegg, por su parte, presentó el CCGT1, un modelo de 1.280 CV que también puede equipar una caja manual de seis velocidades.
El interés por estas transmisiones tiene una explicación. Los coleccionistas buscan coches más analógicos y quieren disfrutar de una conexión directa con la mecánica. Modelos como el Pagani Utopia, el Gordon Murray T.50, el Aston Martin Valour y el Valiant demuestran que todavía existe demanda. Además, la posible desaparición de los motores de combustión aumenta el atractivo de estos coches.
Sin embargo, fabricar un deportivo manual moderno no es tan sencillo. Las normativas de seguridad y los sistemas de asistencia a la conducción complican el desarrollo. La frenada automática de emergencia, por ejemplo, puede funcionar de forma diferente según la transmisión. También hay problemas con el elevado par de los motores actuales. A esto se suman los costes de ingeniería, que son difíciles de justificar cuando se producen muy pocas unidades.

Lamborghini es un buen ejemplo de esta situación. La marca ofreció cambios manuales en modelos como el Gallardo y el Murciélago, pero tuvieron poca demanda. Ahora utiliza transmisiones automáticas de doble embrague en sus deportivos más modernos. Bentley tampoco tiene previsto recuperar el manual, ya que sus clientes no lo están solicitando y sus motores desarrollan demasiado par para esta solución.
Bugatti mantiene una posición más abierta. Su CEO, Mate Rimac, no descartó que la plataforma del Tourbillon pueda utilizar diferentes configuraciones en el futuro. Esta arquitectura es más modular que la empleada anteriormente por el Chiron y el Veyron. Por eso, un cambio manual no está completamente descartado, aunque tampoco existe una confirmación oficial.
Porsche ofrece la prueba más clara de que el cambio manual todavía puede llegar a coches que no cuestan varios millones. El 911 Carrera S recupera una caja manual de seis velocidades mediante un paquete específico. Con 473 CV y tracción trasera, esta configuración responde a la demanda de los clientes. Su precio parte de 167.100 dólares en Norteamérica, muy lejos de las cifras de los hiperdeportivos mencionados.
El cambio manual, por tanto, no está muerto, pero tampoco vive una segunda juventud generalizada. Su futuro parece estar en los coches deportivos y de colección, donde el precio permite asumir el coste de desarrollar una tecnología cada vez más difícil de adaptar. Ferrari, McLaren, Porsche y los fabricantes artesanales están demostrando que todavía hay conductores que quieren cambiar de marcha por sí mismos. La paradoja es que, mientras el manual desaparece de los coches normales, se convierte en un auténtico objeto de deseo entre los superdeportivos.