
A finales de los años 80, el panorama de los deportivos parecía estar completamente definido. El Chevrolet Corvette C4 era el gran referente estadounidense gracias a su potente motor V8, sus enormes neumáticos y una puesta a punto orientada al máximo rendimiento. En el otro extremo se encontraba Honda, una marca asociada principalmente a vehículos fiables y prácticos. Sin embargo, en 1987 todo cambió cuando un discreto coupé japonés logró una hazaña que nadie esperaba.
En una de las pruebas de eslalon más prestigiosas de la época, el Honda Prelude Si 4WS consiguió registrar una velocidad superior a la del Corvette. A pesar de contar con apenas 135 CV, frente a la potencia muy superior del deportivo americano, el Prelude dejó claro que el comportamiento dinámico no depende únicamente de los caballos o del tamaño de los neumáticos.
Mientras la mayoría de fabricantes buscaban mejorar el paso por curva recurriendo a suspensiones más rígidas y neumáticos cada vez más anchos, los ingenieros de Honda apostaron por una solución completamente distinta. El objetivo era eliminar uno de los mayores inconvenientes de los vehículos de tracción delantera: la tendencia al subviraje y la lentitud en los cambios rápidos de dirección.
La respuesta fue el innovador sistema 4WS (Four Wheel Steering) del Prelude de tercera generación. A diferencia de los sistemas electrónicos actuales, funcionaba exclusivamente mediante un sofisticado mecanismo mecánico de engranajes, capaz de modificar el ángulo de las ruedas traseras según el giro del volante. A baja velocidad, las ruedas traseras giraban en sentido contrario a las delanteras para reducir el radio de giro, mientras que a alta velocidad lo hacían en el mismo sentido para aumentar la estabilidad.

Los resultados fueron espectaculares. En la prueba de eslalon de 600 pies, el Prelude alcanzó 65 mph, superando por una décima al Chevrolet Corvette C4, que marcó 64,9 mph. Lo más sorprendente es que el Honda logró esa cifra utilizando neumáticos mucho más estrechos y un planteamiento claramente menos radical que el del deportivo americano.
Además de mejorar el rendimiento en conducción deportiva, el sistema también facilitaba el uso diario. Gracias al giro coordinado de las ruedas traseras, el Prelude reducía su diámetro de giro de 34,8 a solo 31,4 pies, permitiendo maniobras mucho más ágiles en ciudad y una estabilidad sobresaliente en carretera.
Casi cuatro décadas después, numerosos fabricantes de vehículos deportivos y de lujo utilizan sistemas de dirección en las cuatro ruedas controlados electrónicamente. Modelos tan avanzados como algunos Porsche 911, el BMW M5 o incluso el GMC Hummer EV incorporan esta tecnología como una de sus grandes innovaciones, aunque el verdadero pionero fue aquel Honda Prelude presentado en 1987.

Hoy, el Honda Prelude Si 4WS sigue siendo uno de los grandes tesoros olvidados del mercado JDM. Mientras otros deportivos japoneses de la época, como el Integra Type R, alcanzan cifras muy elevadas entre los coleccionistas, este coupé continúa ofreciendo una de las experiencias de conducción más brillantes de la historia por un precio sorprendentemente asequible, convirtiéndose en una auténtica joya para cualquier apasionado de la ingeniería automovilística.