El problema de entrada de refrigerante asociado al motor 2.0 EcoBoost de Ford lleva años apareciendo en demandas y reclamaciones en Estados Unidos y Canadá. Ahora, el caso podría llegar a una nueva instancia después de que la Oficina de Investigación de Defectos de la NHTSA recibiera una petición para estudiar formalmente el problema.
La solicitud afecta a más de 500.000 unidades del Ford Edge fabricadas entre 2015 y 2018. Según la documentación presentada ante la agencia estadounidense, la entrada de refrigerante en estos motores puede provocar una pérdida importante de potencia y activar el aviso «Engine Coolant Over Temperature». La NHTSA todavía está evaluando la petición y no ha decidido si abrirá una investigación.
Los propietarios también han descrito otros síntomas. Algunos vehículos funcionarían de manera irregular después de permanecer estacionados y enfriarse, mientras que en determinados casos aparecería el testigo de avería del motor debido a fallos de encendido en uno de los cilindros. El problema no sería exclusivo del Edge, ya que diferentes motores EcoBoost de cuatro cilindros han estado relacionados con reclamaciones similares.

Las acusaciones y demandas existentes apuntan a un posible problema relacionado con el diseño de estos propulsores. En concreto, se señala el uso de una arquitectura de bloque de tipo open deck, que dejaría determinadas zonas del motor más expuestas a problemas de sellado. Los casos más graves podrían llegar incluso a producir grietas entre los cilindros.
Los motores 1.5, 1.6, 2.0 y 2.3 EcoBoost han aparecido a lo largo de los años en reclamaciones relacionadas con fugas o entrada de refrigerante. Los modelos afectados por diferentes casos incluyen vehículos como el Ford Escape, Fusion y Edge, además de los Lincoln MKC y MKZ. Sin embargo, los problemas y condiciones concretas pueden variar según el motor y el modelo.
Las demandas sostienen que el refrigerante puede terminar entrando en los cilindros y provocar corrosión, fallos de encendido y daños graves en el motor. También existen alegaciones relacionadas con fallos completos del propulsor e incluso incendios, aunque estas afirmaciones forman parte de las reclamaciones presentadas y no equivalen a una conclusión de la NHTSA.
Cuando el daño es suficientemente grave, una de las soluciones puede pasar por sustituir el long block, una reparación que implica reemplazar una parte importante del motor. No se trata de una intervención sencilla ni barata, especialmente cuando el vehículo ya tiene varios años y el propietario debe asumir una parte importante del coste.
Ford ya ha reconocido la existencia del problema en determinados contextos, pero reconocer un defecto o una avería y establecer una solución general son cuestiones diferentes. Ahora, la decisión está en manos de la NHTSA: si la agencia acepta la petición y abre una investigación formal, más de medio millón de Ford Edge podrían quedar bajo su análisis.
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