El Toyota Celica GT-Four tenía un “truco” secreto que le dio una ventaja ilegal en el Mundial ...

El Toyota Celica GT-Four escondía una ingeniosa modificación en su turbo que permitió a Toyota ganar potencia ...
26/07/2026

Ignacio Agustin Rojas

El Toyota Celica GT-Four escondía una ingeniosa modificación en su turbo que permitió a Toyota ganar potencia extra en el WRC de 1995 antes de que la FIA descubriera el sofisticado engaño.

El nacimiento de una máquina diseñada para dominar los rallyes

Toyota llegó a la era del Grupo A del Mundial de Rally con una ambición enorme. Tras mantenerse relativamente al margen de la salvaje etapa del Grupo B, la marca japonesa comenzó a competir con el Celica en 1988 y rápidamente encontró el camino hacia el éxito. Con el sistema de tracción integral All-Trac como uno de sus grandes argumentos, Toyota logró victorias, títulos de pilotos con Carlos Sainz en 1990 y 1992 y, posteriormente, dos campeonatos consecutivos de constructores en 1993 y 1994 con el Celica ST185.

La presión aumentó en 1995, cuando Ford, Mitsubishi y Subaru comenzaron a acercarse a la marca japonesa. El nuevo Celica ST205 llegó para mantener la hegemonía, aunque su puesta a punto no fue sencilla y Mitsubishi y Subaru lograron imponerse antes de que Toyota consiguiera su primera victoria de la temporada en Francia. Sin embargo, mientras el equipo parecía haber encontrado finalmente el rendimiento necesario para luchar por los títulos, la verdadera ventaja del Celica estaba escondida en un componente aparentemente normal de su sistema de turbo.

El ingenioso truco del turbo que burló a la FIA

Las reglas del WRC obligaban a los coches del Grupo A a utilizar un restrictor de aire de 1,3 pulgadas en la entrada del turbocompresor. Su objetivo era limitar la potencia y mantener el rendimiento bajo control tras los excesos de la era del Grupo B. Toyota, sin embargo, desarrolló una solución extremadamente sofisticada: una pequeña sección del restrictor podía desplazarse cuando el turbo trabajaba bajo máxima presión, permitiendo que entrara más aire y aumentando considerablemente la potencia del motor.

El sistema utilizaba componentes que ya formaban parte del vehículo, incluidos elementos del sistema de sujeción del manguito del turbo y unas arandelas que activaban el mecanismo cuando el motor funcionaba bajo presión. La modificación era tan discreta que no producía ruidos ni movimientos evidentes durante las inspecciones técnicas. El resultado era una ganancia aproximada de 50 CV respecto a la configuración permitida, una ventaja enorme en la competición más exigente del automovilismo.

La genialidad del sistema estuvo precisamente en su sencillez y en la dificultad para detectarlo. El restrictor parecía completamente normal y solo modificaba su funcionamiento cuando el turbo alcanzaba una presión elevada. Toyota logró utilizar esta solución durante buena parte de la temporada 1995, mientras sus rivales y los inspectores técnicos de la FIA no sospechaban que el Celica estaba obteniendo una ventaja adicional frente a los demás coches del campeonato.

El secreto también dejó su huella en el Toyota Celica GT-Four de calle

Las normas de homologación del Grupo A obligaban a los fabricantes a producir al menos 2.500 unidades de carretera del vehículo de competición. Por eso, el Toyota Celica GT-Four de producción compartía parte de la arquitectura y del hardware utilizado por el ST205 de rally. El motor 2.0 turboalimentado 3S-GTE era una versión adaptada para la carretera y, curiosamente, el sistema de tuberías asociado al anti-lag permanecía instalado en el coche de calle, aunque Toyota lo desactivaba para evitar daños mecánicos.

Con modificaciones profundas, algunos propietarios podían volver a activar ese sistema, aunque el proceso exigía eliminar bloqueos, instalar componentes eléctricos y reprogramar la centralita. Además, el turbocompresor de serie podía acabar sufriendo graves daños si se utilizaba de forma intensiva. Es uno de esos detalles que convierten a los coches de homologación en modelos tan especiales: incluso cuando no ofrecen todo el potencial de la versión de competición, conservan rastros de la tecnología creada para dominar los tramos.

La historia del Celica ST205 cambió por completo cuando la FIA descubrió el mecanismo durante el Rally de Cataluña de 1995. Un inspector ejerció una presión diferente a la habitual sobre el restrictor y detectó que una parte de la pieza se movía. La investigación posterior destapó el sistema y el presidente de la FIA, Max Mosley, llegó a describirlo como “el dispositivo más sofisticado e ingenioso” que había visto en tres décadas de competición.

La sanción fue durísima: Toyota fue excluida de toda la temporada 1995, perdió los puntos de pilotos y constructores y recibió una prohibición para competir en las últimas pruebas de ese año y durante toda la temporada 1996. La marca regresó en 1997 con el Corolla WRC y volvió a conquistar el campeonato de constructores en 1999 sin necesidad de recurrir a aquel restrictor modificado. Aun así, el Toyota Celica GT-Four ST205 permanece como uno de los ejemplos más fascinantes de hasta dónde puede llegar la ingeniería cuando las reglas intentan limitar la creatividad.

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