El Ford Puma combinaba el chasis del Fiesta con una puesta a punto más deportiva y un motor 1.7 de origen Yamaha. Su comportamiento era ágil y directo, especialmente en la versión Racing Puma, que elevaba el nivel con mejoras de chasis y mayor potencia, convirtiéndolo en un pequeño deportivo muy valorado.
El Honda Integra Type R es considerado uno de los mejores coches de tracción delantera de la historia gracias a su motor atmosférico de altas revoluciones, su bajo peso y su rigidez estructural. Su enfoque casi de competición lo convirtió en una referencia mundial de precisión y sensaciones al volante.
El Mini Cooper classic fue pionero en demostrar que un coche pequeño podía ser extremadamente ágil. Su centro de gravedad bajo y su diseño compacto le daban una respuesta inmediata en curvas, mientras que las versiones Cooper S añadían un extra de potencia y carácter deportivo.
El Lotus Elan M100 rompió la tradición de la marca al apostar por la tracción delantera en un deportivo ligero. Su chasis sofisticado y su comportamiento equilibrado lo hacían muy eficaz, aunque su concepto dividió a los puristas de Lotus por alejarse de la tracción trasera clásica.
El Renault Clio 182 Trophy llevó el concepto de hot hatch a un nivel muy alto con una suspensión de competición y una puesta a punto extremadamente firme. Su enfoque priorizaba la precisión en curva y el control del chasis, convirtiéndolo en uno de los compactos más efectivos de su época.
El Peugeot 205 GTI se ganó su lugar en la historia por su equilibrio perfecto entre peso, potencia y chasis. Sus versiones 1.6 y 1.9 ofrecían una conducción muy comunicativa, lo que lo convirtió en un referente absoluto del segmento de compactos deportivos.
El Volkswagen Golf GTI Clubsport S llevó el concepto GTI al máximo nivel con más de 300 CV, reducción de peso y ajustes de circuito. Su comportamiento sorprendentemente neutro lo convirtió en uno de los tracción delantera más rápidos y eficaces jamás construidos.
El Ford Focus RS500 fue una evolución extrema del Focus RS, con potencia aumentada y una producción limitada que lo hizo muy exclusivo. Su comportamiento dinámico era muy agresivo, con un chasis capaz de gestionar grandes niveles de potencia con eficacia.
El Ford SportKa transformó el pequeño Ka en un coche mucho más preciso y divertido de conducir. Con mejoras en suspensión, rigidez y ancho de vía, ofrecía una respuesta inmediata y un carácter juguetón ideal para conducción urbana y tramos revirados.
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