El Mission Efficiency recupera la filosofía de experimentos anteriores de Volkswagen, especialmente la del XL1, uno de los vehículos más eficientes desarrollados por la marca. El nuevo prototipo mantiene una silueta extremadamente baja y alargada, con una longitud cercana a los 4,8 metros y una característica forma de lágrima. Su carrocería combina plástico reforzado con fibra de carbono y aluminio, mientras que las ruedas traseras completamente carenadas ayudan a reducir las turbulencias y mejorar el comportamiento aerodinámico.
Volkswagen ha trabajado especialmente en los bajos y en las superficies exteriores para reducir las turbulencias y la resistencia al avance. En la parte delantera incorpora tres aletas de refrigeración activas que modifican automáticamente su apertura dependiendo de las necesidades térmicas del vehículo. Cuando la demanda de refrigeración es baja, las aletas permanecen más cerradas para limitar la cantidad de aire que entra en la zona frontal y reducir todavía más la resistencia durante la marcha.
El prototipo incorpora paneles solares integrados en el techo y la luneta trasera. Volkswagen explica que estos elementos generan electricidad destinada principalmente a los sistemas auxiliares, reduciendo así el trabajo que debe realizar la batería de alta tensión. En condiciones adecuadas, la instalación solar puede aportar alrededor de 29 kilómetros de autonomía adicional, una cifra que demuestra cómo pequeños avances pueden contribuir a mejorar la eficiencia sin necesidad de instalar una batería de mayor tamaño.
El Mission Efficiency utiliza un motor eléctrico delantero de 133 CV y se basa en la arquitectura MEB+, empleada por Volkswagen para sus próximos vehículos eléctricos. La batería ofrece 54,9 kWh de capacidad utilizable, ligeramente por encima de los 52 kWh del ID. Polo. Además, el prototipo emplea una vía trasera más estrecha y una disposición modificada de la suspensión para favorecer el flujo del aire alrededor de la carrocería y reducir las pérdidas aerodinámicas.
En el interior, Volkswagen ha seguido una filosofía centrada en reducir el peso y mantener una construcción sencilla. Los asientos, el salpicadero y las puertas utilizan zonas revestidas con tejidos trenzados, mientras que la configuración ofrece cuatro plazas en disposición 2+2. Las dos plazas posteriores están pensadas principalmente para pasajeros de menor tamaño. A pesar de su enfoque extremo en la eficiencia, el maletero proporciona 487 litros de capacidad, además de espacios adicionales situados sobre las ruedas traseras.
El habitáculo prescinde de un sistema de infoentretenimiento convencional. En su lugar, el conductor puede utilizar un teléfono móvil o una tableta como dispositivo principal, mientras que el prototipo tampoco incorpora un sistema de altavoces integrado. Durante las pruebas de eficiencia realizadas en Viena, Volkswagen recurrió a un altavoz Bluetooth portátil. Esta solución extrema podría servir como fuente de inspiración para futuros eléctricos económicos, incluido el futuro ID.1, al reducir componentes, peso y costes.
Volkswagen no ha confirmado que el Mission Efficiency vaya a producirse en serie, aunque tampoco descarta completamente esa posibilidad. Su función principal es actuar como demostrador tecnológico, estudiando cómo la aerodinámica, la reducción de peso y una gestión energética precisa pueden aumentar la autonomía de un coche eléctrico. El objetivo es demostrar que se pueden conseguir grandes mejoras de eficiencia sin recurrir necesariamente a baterías mucho más grandes, y algunas de las soluciones desarrolladas podrían terminar influyendo en futuros modelos de producción.
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