El Nissan Skyline GT-R R34 se convirtió en una auténtica leyenda gracias a su motor RB26DETT, su avanzado sistema de tracción total y una tecnología muy adelantada a su tiempo. Su enorme potencial para incrementar la potencia y su extraordinaria fiabilidad hicieron que este modelo pasara a ser uno de los coches más deseados por preparadores y aficionados, convirtiéndose en un referente absoluto dentro de la cultura tuner.
El Toyota Supra Turbo alcanzó la fama mundial gracias al indestructible motor 2JZ-GTE con doble turbocompresor. Su capacidad para soportar grandes aumentos de potencia sin comprometer la fiabilidad hizo que mecánicos y preparadores lo convirtieran en uno de los deportivos más modificados de la historia. Su influencia ayudó a consolidar el prestigio de los deportivos japoneses en todo el mundo.
El Mazda RX-7 FD destacó por su ligero chasis y por el exclusivo motor rotativo biturbo, una configuración que ofrecía una experiencia de conducción completamente diferente a la de sus rivales. Su excelente comportamiento dinámico y la innovación de su mecánica lo convirtieron en un coche muy admirado por quienes buscaban algo distinto dentro del segmento de los deportivos.
El Acura Integra Type R demostró que un coche de tracción delantera podía ofrecer sensaciones comparables a las de deportivos mucho más potentes. Su motor de altas revoluciones, el bajo peso y una puesta a punto excepcional del chasis hicieron de este modelo una referencia para quienes valoraban la precisión, el equilibrio y la diversión al volante por encima de la potencia bruta.
El Mitsubishi Lancer Evolution VI trasladó directamente la experiencia del Campeonato del Mundo de Rallyes a un coche de producción. Su motor turboalimentado, la tracción integral y un chasis desarrollado para ofrecer el máximo rendimiento en cualquier superficie lo convirtieron en uno de los sedanes deportivos más admirados de la década y en un icono para los aficionados a los rallyes.
El Subaru Impreza WRX STI popularizó el concepto de las altas prestaciones accesibles gracias a su motor bóxer turbo y a su eficaz sistema de tracción total. Capaz de ofrecer un gran rendimiento tanto en asfalto como sobre tierra o nieve, este modelo creó una enorme comunidad de seguidores y ayudó a expandir la cultura de los deportivos japoneses inspirados en la competición.
El Honda NSX sorprendió al mundo al demostrar que un superdeportivo podía combinar prestaciones de primer nivel con una fiabilidad excepcional. Su construcción en aluminio, su avanzada ingeniería y un comportamiento fácil de aprovechar marcaron un antes y un después en el segmento, obligando incluso a fabricantes europeos a replantearse el desarrollo de sus deportivos.
El Nissan Silvia S14 se convirtió en uno de los coches más importantes para el crecimiento del drifting gracias a su equilibrado chasis, su motor turbo de gran potencial y un enorme catálogo de piezas de preparación. Su precio relativamente asequible y su facilidad para modificarlo hicieron que fuera una de las plataformas más utilizadas por pilotos y aficionados, consolidando la expansión mundial de la cultura japonesa del motor.
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