El mercado estadounidense atraviesa una nueva etapa para los vehículos fabricados fuera del país. Desde abril de 2025, los automóviles importados están sujetos a un arancel adicional del 25%, salvo las excepciones y mecanismos específicos contemplados por la normativa. La medida afecta especialmente a las marcas que dependen de fábricas situadas en Europa y Asia para abastecer Estados Unidos.
No todos los vehículos soportan el mismo impacto económico. Un análisis de Anderson Economic Group calculó que los vehículos importados más expuestos, especialmente los SUV de lujo de gran tamaño, eléctricos y determinados modelos europeos y asiáticos, podían afrontar un impacto de 10.000 a 12.000 dólares por unidad. Entre los ejemplos citados aparecieron el Mercedes-Benz G-Wagon, varios Land Rover y Range Rover y algunos BMW.
Hay una diferencia importante entre el coste arancelario para el fabricante o importador y el aumento final del precio de venta. Las marcas pueden absorber una parte del impacto para proteger sus ventas, negociar con proveedores, modificar equipamientos o trasladar únicamente una fracción del coste al cliente. Por eso, los 12.000 dólares deben entenderse como una estimación de impacto por vehículo, no como un incremento universal del precio de lista.
Para las marcas alemanas y británicas el problema resulta especialmente relevante porque buena parte de sus modelos premium se fabrican fuera de Estados Unidos. BMW, Mercedes-Benz, Audi, Porsche, Jaguar Land Rover y otras firmas cuentan con vehículos que llegan al mercado estadounidense desde plantas europeas. Sin embargo, el escenario arancelario para productos de la Unión Europea no debe confundirse con el 25% general: el acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE contempla un tope combinado del 15% para determinados automóviles y piezas de origen europeo, sujeto a su aplicación normativa.
El valor del vehículo es determinante porque un porcentaje aplicado sobre una base elevada genera rápidamente miles de dólares adicionales. En un SUV premium de 80.000, 100.000 o 120.000 dólares, incluso una carga arancelaria parcial puede representar una cantidad considerable. De ahí que los modelos de alta gama aparezcan entre los principales afectados por las estimaciones de la consultora estadounidense.
El arancel no se transforma automáticamente en un aumento equivalente del MSRP. Los fabricantes tienen varias herramientas para reducir el impacto, desde absorber parte del coste y reducir márgenes hasta modificar la producción y utilizar inventario que ya se encuentra dentro de Estados Unidos. De hecho, las primeras previsiones señalaban que los aumentos podían tardar en aparecer completamente en los concesionarios debido al stock disponible.
Los fabricantes que producen dentro de Estados Unidos parten de una posición diferente, aunque tampoco están completamente aislados de los aranceles debido a las piezas importadas. Las estimaciones de Anderson Economic Group situaron el impacto de determinados vehículos ensamblados en Estados Unidos alrededor de 2.000 a 3.000 dólares, muy por debajo de los 10.000-12.000 dólares calculados para algunos vehículos importados de lujo.
Para quien ya tiene decidido comprar un modelo importado, el inventario que ya está en Estados Unidos puede resultar especialmente interesante, porque permite negociar sobre unidades que ya ingresaron al país bajo las condiciones arancelarias correspondientes. Sin embargo, no existe una regla que garantice que comprar ahora siempre sea más barato: el efecto depende del origen del vehículo, su contenido estadounidense, la marca y la política comercial del fabricante. La cifra de hasta 12.000 dólares debe tomarse como una referencia para los modelos más expuestos, no como un recargo automático para cualquier auto de lujo.
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