Un millón cuatrocientos cuarenta y nueve mil novecientos pesos, una sola versión y ningún opcional que marcar en la hoja del pedido. Así aterrizó la Infiniti QX65 2027 en el mercado mexicano, sin la escalera de versiones que el segmento premium acostumbra.
Esa decisión revela bastante sobre la estrategia de la marca, porque en lugar de prometer más caballos que el vecino, la apuesta consiste en que el auto se vea y se sienta diferente a todo lo demás.
Vale la pena revisarla con calma, ya que tiene aciertos muy claros y también un par de puntos incómodos.

Infiniti tomó una decisión poco común en el lujo. En vez de ofrecer una versión de entrada barata para presumir un precio inicial atractivo y después cobrar cada extra por separado, aquí todo viene incluido desde el primer día.}
Techo panorámico, asientos con masaje, audio Klipsch de 20 bocinas, tracción integral, clima de tres zonas. Nada de paquetes opcionales.
Esa estrategia tiene una consecuencia directa para quien compra: el precio de lista es el precio real. En un segmento donde configurar un rival alemán con equipamiento equivalente suele empujar la cuenta bastante arriba del número anunciado en el comercial, esa transparencia vale dinero contante.
De hecho, el paquete incluye cuatro años de mantenimiento preventivo. Los primeros 48,000 kilómetros salen sin costo.
El servicio de 60,000 km cuesta $2,825 y el de 72,000 km llega a $7,805. Para quien planea conservar la camioneta cinco o seis años, ese detalle se traduce en varios miles de pesos que no aparecen en el folleto de la competencia.

El motor va a dividir opiniones y conviene entender por qué. Se trata de un cuatro cilindros de 2.0 litros con turbo y compresión variable, la tecnología VC-Turbo que Infiniti desarrolló y que sigue siendo exclusiva en su categoría.
Entrega 268 caballos de fuerza y 286 libras-pie de torque, acoplados a una transmisión automática de nueve velocidades con tracción inteligente a las cuatro ruedas.
En términos simples, la compresión variable significa que el motor modifica su propia geometría interna según lo que pide el pie derecho. Si el conductor va tranquilo, se comporta como un motor económico.
Si pisa a fondo, se convierte en uno potente. Detrás de ese sistema hay años de desarrollo y patentes de por medio, así que la etiqueta técnica está bien ganada.
Ahora bien, 268 caballos de fuerza es una cifra correcta, no espectacular. Varios rivales directos ofrecen seis cilindros o sistemas híbridos con más empuje.
Quien compre esta camioneta de lujo buscando el cronómetro va a sentir que le falta un poco de teatro en la salida del semáforo.
El consumo tampoco redime del todo la ecuación: 7 km/l en ciudad, 9 en carretera y 8 combinado. Para un dos litros que mueve casi dos toneladas con tracción integral permanente, es un resultado honesto.El consumo tampoco redime del todo la ecuación: 7 km/l en ciudad, 9 en carretera y 8 combinado. Para un dos litros que mueve casi dos toneladas con tracción integral permanente, es un resultado honesto.

El contexto explica buena parte de esta jugada. Durante el año fiscal 2025 el segmento de lujo en México retrocedió 8.4%, mientras Infiniti creció 16.1%. Entre enero y junio de 2026 la marca avanzó 32% frente al mismo periodo del año anterior, y en el trimestre abril-junio el crecimiento alcanzó 54%, con 2.2 puntos porcentuales adicionales de participación.
Los otros dos modelos del portafolio empujaron fuerte: la QX80 creció 111.8% y la QX60 subió 76.3%. Son números de una marca que venía de abajo, así que los porcentajes se ven enormes justamente porque la base era pequeña. Aun así, la tendencia es real y ya lleva varios trimestres sosteniéndose.
Hay un dato todavía más revelador. La propia marca calcula que el 60% de los compradores de la Infiniti QX65 en México vendrá de marcas generalistas, no de firmas premium.
Es decir, el plan no consiste en robarle clientes a BMW. Consiste en convencer a alguien que hoy maneja una camioneta popular bien equipada y está listo para dar el salto.

El terreno donde entra es el más disputado del lujo automotriz. Audi con el Q5 Sportback, BMW con los X4 y X6, Mercedes-Benz con el GLC Coupé, Lexus con el RX, más las propuestas de Acura y Lincoln. Todos saben hacer una SUV de techo inclinado.
La diferencia de la Infiniti QX65 vive en el detalle sensorial. El color Sunfire Red usa tres capas de pintura con partículas micro-metálicas doradas heredadas del GT-R y cambia de profundidad según la luz que le pega.
La parrilla se inspiró en un bosque de bambú durante una tormenta en Kyoto. La madera del tablero no lleva barniz encima, así que se siente con los dedos.
Puede sonar a marketing puro, y en parte lo es. En la práctica, esos detalles sí se perciben en cuanto alguien abre la puerta. El lujo alemán tiende a la precisión fría y geométrica; esta propuesta japonesa apuesta por la calidez y la textura.
Son dos escuelas legítimas, y por fin existe una opción clara para quien prefiere la segunda.Son dos escuelas legítimas, y por fin existe una opción clara para quien prefiere la segunda.

El sistema de audio merece párrafo aparte. El Klipsch Reference Premiere de 20 bocinas incluye altavoces individuales en las cabeceras de los asientos delanteros. Conductor y copiloto reciben cada uno su propia burbuja sonora, algo genuinamente útil para tomar una llamada sin invadir al resto de la cabina.
La pantalla central mide 12.3 pulgadas, el cuadro de instrumentos otras 12.3 y el head-up display proyecta sobre el parabrisas en 10.8 pulgadas. Viene Google integrado de fábrica, CarPlay y Android Auto inalámbricos, cargador de celular sin cables y Wi-Fi para hasta siete dispositivos.
En seguridad aparece el ProPILOT Assist, que mantiene distancia y centra el vehículo en el carril durante los trayectos carreteros, acompañado de frenado autónomo con detección de peatones, monitoreo de punto ciego con intervención y visión periférica de 360 grados.
Esa última incluye la vista invisible del cofre, que muestra el piso debajo del auto en la pantalla; para maniobrar en estacionamientos apretados de la Ciudad de México es un salvavidas.
El costo de la silueta fastback aparece atrás, como era de esperarse. El techo inclinado le roba altura a los pasajeros traseros de estatura alta y recorta capacidad de carga frente a una SUV de techo recto. Quien mide 1.85 metros y viaja seguido en la segunda fila debería sentarse ahí antes de firmar cualquier papel.

Todo depende del perfil de quien firma el pedido. Quien persigue la cifra de potencia más alta, el mejor valor de reventa proyectado o la red de distribuidores más extensa del país encontrará mejores argumentos en otra marca.
Ese cliente, sencillamente, no es el destinatario de este producto.
En cambio, quien quiere una camioneta de lujo que no se vea idéntica a las otras tres del estacionamiento, con un interior genuinamente distinto y sin la ansiedad de armar una lista de opciones interminable, tiene aquí un caso muy sólido.
Ese millón cuatrocientos cuarenta y nueve mil pesos compra un auto completamente equipado, fabricado en Tennessee, con mantenimiento cubierto por cuatro años y una personalidad que no pide disculpas por existir.
La Infiniti QX65 2027 apuesta a que hay un comprador cansado de elegir entre deportividad fingida y confort aburrido. Esa apuesta es arriesgada. También es la decisión de producto más interesante que la marca ha tomado en México en mucho tiempo.