La decisión del Departamento de Comercio de Estados Unidos de impedir que Polestar continúe comercializando nuevos vehículos más allá del modelo 2027 ha generado una auténtica tormenta entre clientes, concesionarios y analistas del sector. Muchos propietarios comparan ya la situación con el colapso sufrido por Fisker en 2024, cuando la quiebra de la marca provocó un desplome del precio de sus vehículos usados. Aunque Polestar asegura que mantendrá el servicio posventa y las actualizaciones de software, la incertidumbre amenaza con afectar al mercado de segunda mano.
La decisión sorprendió incluso a la propia red comercial, especialmente porque Volvo sí obtuvo una exención para seguir vendiendo sus vehículos en Estados Unidos, pese a compartir diversos componentes de origen chino con Polestar. Esa diferencia de trato ha desconcertado tanto a los concesionarios como a los propietarios, que ahora temen una depreciación acelerada de sus coches eléctricos, además de posibles dificultades para acceder a piezas, reparaciones y futuras actualizaciones tecnológicas.
Las inquietudes no se limitan al valor de reventa. Muchos clientes que esperan la entrega de un nuevo Polestar dudan ahora sobre mantener su compra, mientras que otros se preguntan cuánto tiempo seguirá siendo viable la red de asistencia técnica. El temor a que los vehículos queden tecnológicamente desfasados o pierdan soporte oficial es uno de los principales motivos de preocupación, especialmente en un mercado donde el software desempeña un papel fundamental en la experiencia de uso.
A pesar del complicado escenario, algunos expertos consideran que Volvo puede desempeñar un papel decisivo para evitar un desenlace similar al de Fisker. Los 32 centros de servicio de Polestar en Estados Unidos funcionan actualmente dentro de concesionarios Volvo, lo que podría garantizar el mantenimiento de los vehículos durante los próximos años. Además, la propia marca insiste en que continuará ofreciendo asistencia técnica, cobertura de garantía y actualizaciones periódicas de software para toda la flota estadounidense.
Sin embargo, no todos los propietarios comparten ese optimismo. Algunos ya han manifestado haber experimentado dificultades para recibir asistencia a través de la red Volvo y aseguran que pensarán dos veces antes de volver a comprar un vehículo de la marca. Mientras tanto, otros compradores observan la situación desde una perspectiva diferente: esperan que una fuerte caída del valor de reventa convierta a los Polestar usados en una auténtica oportunidad de compra, siempre que el soporte técnico consiga mantenerse en el tiempo.