El Ford Taurus cambió para siempre el mercado cuando debutó a mediados de los años 80 con un diseño aerodinámico muy diferente al de sus rivales. Durante años fue el automóvil más vendido de Estados Unidos y un habitual en las entradas de las casas de todo el país. Sin embargo, el aumento de tamaño, el incremento de su precio y el éxito de los SUV terminaron provocando su desaparición.
El Chevrolet Impala fue durante décadas uno de los sedanes de tamaño completo más representativos de Estados Unidos. Además de convertirse en un habitual de las familias, también destacó como vehículo policial y taxi gracias a su amplitud, fiabilidad y comodidad. Las últimas generaciones ofrecían un interior muy refinado, pero el cambio de preferencias del mercado terminó poniendo fin a una historia de más de medio siglo.
Con el Chrysler 200, la marca estadounidense intentó recuperar protagonismo en el segmento de las berlinas apostando por un diseño elegante, un interior moderno y una importante inversión tecnológica. Sin embargo, el reducido espacio en las plazas traseras y la fuerte competencia de fabricantes japoneses impidieron que alcanzara el éxito esperado, desapareciendo pocos años después.
El regreso del Dodge Dart despertó una gran expectación gracias a un diseño moderno basado en una plataforma desarrollada junto a Alfa Romeo. Sus pilotos traseros de LED de extremo a extremo, la amplia oferta de colores y sus posibilidades de personalización le daban una imagen muy atractiva. Aun así, las ventas nunca acompañaron y el modelo fue retirado del mercado.
El Oldsmobile Alero tuvo la difícil misión de revitalizar una marca que atravesaba sus últimos años de vida. Su diseño moderno y un comportamiento equilibrado no fueron suficientes para atraer a los compradores, convirtiéndose finalmente en el último automóvil producido por Oldsmobile antes del cierre definitivo de la compañía.
El Buick Regal evolucionó con el paso de los años desde una cómoda berlina de inspiración americana hasta un modelo desarrollado por Opel con un comportamiento mucho más dinámico. Sus últimas generaciones sorprendían por un tacto de conducción deportivo e incluso por ofrecer una práctica carrocería tipo hatchback, aunque el auge de los SUV acabó relegándolo al olvido.
El Mercury Sable compartía gran parte de su desarrollo con el Ford Taurus, aunque apostaba por una imagen más distinguida gracias a su característico frontal de faro único. Durante años fue un sedán muy habitual en Estados Unidos por su comodidad, suavidad de marcha y amplio habitáculo, pero desapareció junto con la marca Mercury.
El Mitsubishi Galant fue durante mucho tiempo una de las mejores alternativas al Honda Accord y al Toyota Camry. Su diseño afilado, un comportamiento más deportivo de lo habitual y la disponibilidad de motores V6 en algunas versiones le permitieron destacar entre las berlinas medias. Sin embargo, la creciente popularidad de los SUV terminó relegándolo hasta desaparecer del mercado estadounidense.
El Pontiac Grand Am fue uno de los compactos más populares de finales de los años 90. Su estética deportiva, con molduras inferiores muy marcadas y un diseño juvenil, conquistó a miles de conductores, especialmente a los más jóvenes. Su desaparición llegó junto al cierre definitivo de la marca Pontiac durante la reestructuración de General Motors.
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